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Reflexiones
4º domingo de Cuaresma
30 de marzo de 2014


Enfermedad

Cuando una persona sufre de la enfermedad / adicción que se llama el alcoholismo, hay muchas personas deseando o pidiéndole a Dios que se alivie. Se dice que cada alcohólico afecta la vida de una docena de personas o más: familiares, amigos y compañeros de trabajo,etc. Pero la víctima jamás encontrará la salud a no ser que confiese su alcoholismo. Antes que nada tiene que "tocar fondo" como dicen en Alcohólicos Anónimos, tiene que llegar a un punto de desesperación que lo impulse a declarar de todo corazón, "el alcohol me venció y mi vida está fuera de control." Sólo cuando toca fondo y lo confiesa puede entrar Dios en acción y ayudarlo a levantarse. Sólo cuando abandona la ceguera y la ilusión de pensar que puede hacer lo imposible por sí solo, encontrará la salud. El primer paso es abrir los ojos, ver la realidad, y aceptarlo.

Hablo del alcoholismo porque los famosos doce pasos de sanación fueron inventados para ayudar a la víctima del alcohol pero hoy en día se han aplicado con éxito a otras adicciones: drogas, el juego, comer con exceso, la pornografía, etc.

Quien entra a Alcohólicos Anónimos y confiesa su incapacidad de salvarse emprende un viaje que lo conducirá a una resurrección física, psíquica, y espiritual; en fin, lo unirá de nuevo con Dios. Por lo general el principiante en A.A. no busca más que aprender a "tomar con moderación." Pero, guiado cariñosamente por los veteranos, cae en la cuenta que el plan de Dios para él es la abstinencia total. Cuando acepta esto comienza paso a paso a pasar de no tomar alcohol, a confesar sus pecados, a pedir perdón a los que ha ofendido, a aceptar a Dios en su vida y aprender a conversar con él mediante la oración, y - por fin - a ser apóstol, es decir, a llevar el mensaje de esperanza de A.A. a los demás alcohólicos que todavía toman para que ellos también encuentren la salvación.

¿Por qué hablo de los alcohólicos que confiesan su enfermedad, la aceptan y le piden a Dios que los sane vs. los que no quieren confesar que tienen un problema y, por consiguiente, siguen sufriendo? Porque es uno de muchos ejemplos de los ciegos y los videntes, de la luz y la oscuridad, de los sanos y los enfermos que abundan en la enseñanza y la vida de Jesús.

En el evangelio de hoy vemos un ciego, un hombre que anda físicamente incapaz de ver el mundo en que vive, y que busca sanación. Como el principiante en A.A. dice "la oscuridad me venció y mi vida estaba fuera de control." Cuando permite que Dios entre en su vida pasa por una serie de sanaciones, como el miembro de A.A. Primero a nivel físico: logra ver. Luego paso a paso crece espiritualmente. Cuando le preguntan quien lo sanó contesta, "un hombre llamado Jesús."

Cuando insisten más responde "es un profeta". Los maestros de la Ley siguen su investigación y el hombre encuentra en sí una valentía que antes no tenía: aunque sus padres no quieren involucrarse para no quedar excluídos de la sinagoga, el ex-ciego no se echa para atrás. Mientras más insisten más fuerte es la fe del ex-ciego: "(Jesús) es un hombre de Dios." Y por fin se acerca a Jesús, se postra delante de él y lo adora. ¡Qué aventura! Pasó de ver colores y formas a ver que este carpintero es el Hijo de Dios. Una sanación física, psicológica, y espiritual.

Quizá dirás, "pero ¿yo que no soy ni ciego ni alcohólico?" Todos somos ciegos - incapaces de ver algo o alguien. Conozco gente que cree que el presidente de los Estados Unidos nació en Africa o que Jesucristo estaba casado o que los inmigrantes indocumentados que vinieron a E.U. no pagan impuestos aunque toda la evidencia grita que no es cierto. ¿Qué hacer con los que no quieren ver? ¿Cuáles son las verdades o las personas que no quiero ver yo? ¿Que no quiero aceptar? Señor, sana mi ceguera antes que yo ande buscando sanar a los ciegos que me rodean - o que creo que rodean. ¡Qué patéticos los maestros de la Ley que se aferran a sus reglas inflexibles y su religión limitada en lugar de abrir sus ojos y sus corazones a Dios! ¿Quién sanó al ciego? Los judíos se lo preguntan al ciego, luego a sus papás, luego al ciego otra vez, luego a Jesús. Se parecen a los pobre alcohólicos que dicen, "no tengo problema, no necesito sanación, el problema lo tienen mi esposa, mis hijos, mi patrón, etc. Todos están ciegos menos yo."

Aunque este evangelio se trata de luz y oscuridad comienza con una pregunta interesante: "¿Por qué nació ciego? ¿Lo está castigando Dios?" Jesús responde que nació ciego para que se vieran las obras (la gloria) de Dios. Para que el mundo viera Dios en este ciego. Y eso ¿qué querrá decir? Busquemos la respuesta en las palabras sabias de miles de alcohólicos que encontraron a Dios en A.A. Dicen, "soy un alcohólico agradecido. Agradecido porque mediante mi alcoholismo Dios me abrió los ojos y la lengua para que le dijera ´no puedo más. Tú me puedes sanar. ¡Sáname´ Agradecido porque - ya sanado - le puedo contar a los demás que siguen sufriendo cómo Dios me sanó y como los puede sanar a ellos si primero le confiesan su necesidad. Que Dios nos abra los ojos para verlo." Que Dios me inspire a hacer estas palabras mías.

 
P. Richard Vogt, S. J.

El ministerio del P. Richard Vogt, S. J., es con la comunidad hispanoparlante de la parroquia de Nuestra Señora de Guadalupe en St. Louis, Mo.
Derechos de Autor © 2014, José M. Santiago.
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Arte de Martin Erspamer, O.S.B.
de Religious Clip Art for the Liturgical Year (A, B, and C)
["Clip Art" religioso para el año litúrgico (A, B y C)].
Usado con permiso de Liturgy Training Publications. Este arte puede ser reproducido sólo por las parroquias que compren la colección en libro o en forma de CD-ROM. Para más información puede ir a: http://www.ltp.org/