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La Palabra que nos compromete
4º domingo de Cuaresma
30 de marzo de 2014

Escape de la cueva de Platón
 
“Yo soy la luz del mundo; el que me sigue no andará en tinieblas,
sino que tendrá luz de vida.”

Por todo el cuarto evangelio, encontramos una gama de declaraciones en que Jesús hace una afirmación solemne de su identidad y misión.  Son los grandes dichos de “yo soy,” que no se encuentran en los evangelios ni de San Mateo, ni de San Marcos ni de San Lucas.  En el capítulo ocho del evangelio de  San Juan, por ejemplo, Jesús revela que “yo soy él” del cielo, que hace lo que el Padre desea.  Más sorprendente aún dice, “Antes que estuvo Abrahán, yo soy”---haciendo eco de las palabras que pronunció el Dios de Moisés.  Esta inferencia transcendente del “yo soy” se complementa más por lo que sólo se puede llamar una letanía de nombres de salvación. 

El Jesús del cuarto evangelio se representa como la vid  sin la cual nos encontraríamos yermos y sin fundamento.  Él es también el pan de vida.  Es el buen pastor.  Es la puerta.   Es el camino, la verdad, y la vida.

Pero lo que es realmente interesante en el contexto de la narración del “hombre que nació ciego” es la afirmación de Jesús que “yo soy la luz del mundo,” que se encuentra tanto en el capítulo ocho como en el capítulo nueve.

El hombre curado vivía en tinieblas físicas desde su nacimiento.  La vista que le dio Jesús no sólo le dejaba ver el mundo sino también aceptar al que le curó por la fe.  Más dañosa que la ceguera física del hombre fue la ceguera espiritual de sus vecinos y de los fariseos.  Tenían ojos que veían pero no vieron la verdad.  Algunos de ellos ni siquiera aceptaron que lo curó de verdad, aunque el hombre dijo, “verdaderamente, soy yo.”

Los fariseos rechazan la gracia de la cura primero bajo el pretexto que se hizo el día de “Sabbat.”   Seguramente nada bueno puede salir de esto.  Después contemplan la posibilidad de que el pobre hombre nunca estuviera ciego de verdad.  Ni siquiera les convenció el testimonio de los padres.  Los fariseos insistieron en que el hombre negara el mismo don de la vista que recibió y que renunciara al que se lo dio.  Pero como les aseguró que Cristo debía ser de Dios, le echaron del local.  “Eres todo de pecado desde que naciste, ¿y pretendes enseñarnos?”

Cuando Jesús busca al hombre y recibe su profesión de fe, pronuncia la paradoja que los ciegos ven y los que piensan ver permanecen verdaderamente en las tinieblas del pecado.

El fuerte contraste en el cuarto evangelio entre las apariencias y la realidad, la verdad y la opinión errónea, la luz y la oscuridad, a menudo se considera como influencias griega y gnóstica.  Pero estos contrastes no se limitan a este evangelio, ni son temas sólo de los griegos.

Sabemos que al elegir a David como rey, el Señor le dijo a Samuel que no juzgara por la mera apariencia ni por ninguna otra norma humana, porque Dios ve de manera distinta de que ven los meros seres humanos.  San Pablo se refiere a los efesios como hijos de la “luz” que produce toda clase de bondad, justicia y verdad.  Cristo mismo encarna la promesa del salmo: “El Señor es mi luz y mi salvación; ¿a quién temeré?”

Sin embargo, la narración del hombre ciego sí le suena a quien haya  leído alguna vez “El mito de la cueva” en La república de Platón.  Allí encontramos la historia de toda la humanidad encadenada en una cueva oscura durante toda la vida.  Estos cautivos no pueden ver nada más que imágenes intermitentes sobre las paredes---sombras, apariciones, espejismos---que creen que son reales.  Un prisionero, librado de las cadenas, logra gatear arduamente hacia el mundo del brillante sol.  Cuando regresa a la cueva y les cuenta de la fuente de luz que acaba de encontrar, y de la vida y calor que da, los prisioneros le toman por loco.  Simplemente niegan su experiencia.  No puede ser.  Las cadenas y las divertidas imágenes en la pared son la realidad.  Así se ridiculiza su conversión; se resiste su invitación. 

Así es como el griego Platón describe el consentimiento intelectual del alma a la verdad.  Contemplar la vida divina es encontrar la libertad; pero también es hallar desacuerdo con “el malvado estado del hombre, portándose mal de una manera ridícula, discutiendo sobre sombras e imágenes.”

Está claro que hay paralelismos entre el mito platónico de la cueva y la historia del hombre que nació ciego.  Cada figura recibió una vista nueva.  Ambos fueron rechazados por los habitantes del mundo antiguo.  Y hasta las llamadas autoridades sabias prefieren aferrarse a sus cadenas y hablar de las sombras antes que aventurarse a un viaje de fe.

Al contrario de Platón, sin embargo, para quien el sol era la forma absoluta del bien, la luz que vio el ciego de los evangelios no reveló un mero mundo invariable y perfecto de ideas sino la faz del Hijo de Dios.  En la luz de su vida, los que aceptaron la visión han encontrado la realidad definitiva: no un ser puro ni una forma absoluta, sino una comunidad eterna de personas con parentesco.  El “yo soy” da de verdad luz y vida.  Nuestro Dios da y recibe amor de manera mucho más maravillosa.

La letra del viejo himno “Sublime gracia” (“Amazing Grace”) nos recuerda a todos nosotros que sabemos que antes ciegos, ahora vemos:

Y cuando llevemos allá diez milenios,
Tan radiantes como el sol,
Tendremos más días para alabar a Dios
Que el día en que comenzamos.


John Kavanaugh, S. J.
Traducción de Kathleen Bueno, Ph.D.

El Padre Kavanaugh era professor de Filosofía en la Universidad de San Luis, Missouri. Su prematura muerte ha sido muy dolorosa para todos aquellos que le trataron en su vida.
THE WORD EMBODIED: Meditations on the Sunday Scriptures, Cycle A.
Orbis Books, Maryknoll, New York (1998), pp.39-41.
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Derechos de autor © 1998 por John F. Kavanaugh. Todos los derechos de autor están reservados. Se usa con el permiso de Orbis Books, Maryknoll, New York 10545-0308

Arte de Martin Erspamer, O.S.B.
de Religious Clip Art for the Liturgical Year (A, B, and C)
["Clip Art" religioso para el año litúrgico (A, B y C)].
Usado con permiso de Liturgy Training Publications. Este arte puede ser reproducido sólo por las parroquias que compren la colección en libro o en forma de CD-ROM. Para más información puede ir a: http://www.ltp.org/