Homilía
Santísima Trinidad
3 de junio de 2012

Primera lectura: Deuteronomio 4: 32-34, 39-40.
Salmo responsorial: 33: 4-5, 6, 9, 18-19, 20, 22
Segunda Lectura: Romanos 8: 14-17
Evangelio: San Mateo 28: 16-20

Los rumores de Dios

Hay un refrán panameño: "Al más idiota se le pregunta, ¿Quién es Dios?'" El evangelio según Mateo es un comentario sobre este gracioso y retante pedacito de nuestro folklore, diciendo que Dios no se limita. Dios es “ser”; Dios es “amar”. Dios es siempre verbo activo, infinitivo, jamás un sustantivo que se define. La revelación no es una lista de apuntes teológicos viejos, sino la confrontación continua con el Dios que mora en nuestra humanidad y que es también el otro.

Un libro, "En el principio", redactado por Virginia Hamilton, presenta veinticinco imágenes distintas y desafiantes del Dios Creador. Ninguna de ellas tiene preferencia sobre las otras porque cada una tiene su valor y nos reta a aceptarlas al lado de las que ya poseemos.

El capítulo 2 de Génesis ve a Dios como agricultor o alfarero, y muy cerca de nosotros, su muñeco creado de arcilla y su espíritu. Los indios makiritare presentan a un Señor de sueños, sentado y envuelto en humo de tabaco y tocando unas maracas, haciendo florecer la vida y anunciando que la muerte es mentira.

La Iglesia nos regala la imagen de la Santísima Trinidad, celebrando a un Dios siempre un poco más allá de nuestra mente e imaginación. Los primeros teólogos trinitarios utilizaron una lengua simbólica del teatro griego. Hablaron de la máscara del teatro para insistir con la presencia completa de Dios en todos los aspectos de nuestra redención. La máscara o “persona” proclamaba la presencia real, activa, y visible del personaje presentado a los espectadores. La doctrina de la Trinidad nos manifiesta cómo el poder salvífico y amador de Dios, el mismo ser de Dios, está presente en el abrazo y movimiento que hay entre el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo.

Siempre ha habido gente que proclama a un Dios Creador y remoto, fuente de vida y de todo conocimiento. Sin embargo, en Cristo hemos aprendido que Dios es una comunidad de diálogo y amor, y que Dios nos incluye en su abrazo primordial. El mismo Espíritu que es la expresión de amor entre Padre e Hijo es también la fuerza que empuja al Hijo hasta la extrema alienación de tortura y muerte, haciéndolo uno con nosotros por las consecuencias de nuestro pecado, rompiendo el corazón de Dios con la muerte del Hijo y reconciliándonos totalmente en su mismo abrazo de amor.

Jesús de Nazaret, Dios y siempre hombre como nosotros, abrazaba a leprosos, dio vida a muertos y esperanza a extraviados. Jesús es un ser humano y por esto a nosotros nos redime. El no era un extraño, ángel o extraterrestre, que hacía un papel ficticio en un escenario humano ajeno. El también es Dios, y por esto a nosotros nos redime. El nos une al abrazo entre el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo.

Pues Dios está presente completamente en el Padre que ama, el Hijo amado y el Espíritu, el amor entre ellos. Como todos los grandes amantes, Dios quiere que nosotros apreciemos y compartamos la belleza, poder creador y bondad de su amor. Aquí nos encontramos, la extensión en el tiempo y espacio de la historia del amor de Dios. Más que mito o leyenda, sabemos que la historia es cierta porque nosotros, por medio del bautismo mencionado por Mateo, vivimos en ese amor y abrazo. Funcionamos con el poder del amor que organiza y es responsable. El Espíritu, el que juega como niña en la presencia de Dios, creando un mundo del caos, hoy nos reta y se acerca para abrazarnos.

Dios nos ama, creaturas frágiles, limitadas y delicadas en un universo expansivo. Distintas escrituras dicen una misma historia con mucha variedad. Según unas historias Dios llueve agua en los campos secos y siembra palmas en el desierto. En este continente, las historias cuentan cómo Dios creó un quinto sol, haciendo cantar a los pájaros y bailar a los planetas. Estas historias jamás nos dicen qué o quién es Dios; pero el cómo del amor que es Dios se revela siempre y claramente. Sin duda alguna, la teología de la Santísima Trinidad es una historia de amor.

Donaldo Headley



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Arte de Martin Erspamer, O.S.B.
de Religious Clip Art for the Liturgical Year (A, B, and C)
[“Clip Art” religioso para el año litúrgico (A, B y C)].
Usado con permiso de Liturgy Training Publications. Este arte puede ser reproducido sólo por las parroquias que compren la colección en libro o en forma de CD-ROM. Para más información puede ir a: http://www.ltp.org/