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Reflexiones
11º domingo del tiempo ordinario
16 de junio de 2013

Primera lectura: II Samuel 12: 7-10
Salmo responsorial 32:1-2, 5, 7, 11
Segunda lectura: Gálatas 2: 19-21
Evangelio:San Lucas 7: 36-50

Llamados al Perdon

En nuestra cultura es muy común experimentar todo tipo de leyes y requisitos que nos guían y nos conducen a una vida social justa y practica. Sin estas leyes y mandatos, muchas veces, tendemos a ser lo que nos da la gana sin consideración a los demás.

De igual manera, en nuestras vidas sociales y familiares, cultivamos todo tipo de tradiciones y expectativas. Es natural ver que cada grupo social y cada familia tengan sus costumbres y manera de ser. Como solían decir mis padres: en esta casa las cosas se hacen de esta manera.

Sin pretender quitar lo bueno que es todo tipo y clase de leyes y costumbres, tenemos también que reconocer que la vida es más que una serie de requisitos legales y prácticas tradicionales.

Las lecturas de hoy nos ayudan a ver con más claridad esta intuición y convicción de que nuestras vidas con otros incluyen más que ley—el amor.

De forma muy humana vemos como el rey David con todas sus ambiciones y caprichos aun encuentra la misericordia y el perdón de Dios. Un Dios que le ha dado no solo una abundancia de bienes materiales, sino que también le da la posibilidad del perdón.

Para nosotros, al oír toda la lista de faltas y pecados que pertenecen a este rey, sería fácil justificar una sentencia que cobre la falta. Sin embargo, la palabra final no es la que esperamos, sino que nos encontramos con un Dios que le perdona su pecada. Dios habla y nos dice: “El Señor ha perdonado ya tu pecado, no morirás” (II Samuel 12: 7-10, 13).

Para poder comprender esta acción divina se requiere otra forma de sentir y vivir la realidad. Ante todo, se nos pide que tengamos la madurez para nombrar nuestro pecado, y luego ir con confianza ante Dios. El salmo es directo y claro en este punto: “Había pecado, lo reconocí, no te lo encubrí mi delito; propuse: ‘Confesaré al Señor mi culpa’, y tú perdonaste mi culpa y mi pecado “(Salmo 31).

La madurez espiritual que ejercemos si bien es algo proprio, también tiene su principio y fundamento en la gracia que es la amistad con Jesucristo. Es preciso reconocer que el perdón que buscamos ya se encuentra en la persona de Jesus. Como nos lo demuestra Pablo en sus palabras de hoy, solo viviendo en Cristo podemos verdaderamente vivir el amor (Gálatas 2 16, 19-21).

El llamado al perdón implica que reconozcamos una vida nueva en Cristo, donde ya no vivimos para ser los mismos, sino para ser la nueva creación en el amor. Como lo ejemplifica la mujer en la historia del evangelio: ante nosotros, si bien esta una mujer pecadora, también está un hombre-Jesús compasivo.

El perdón al cual somos llamados encuentra su cumbre en el amor que Jesús nos brinda a todos. Es Jesús el que nos ensena a perdonar, es Jesús el que nos dice hoy y siempre: “no morirás.”

Claro, ante tal hombre-Jesús e invitación solo nos queda imitar a la mujer. Hay que correr hacia los pies de Jesús, y ahí hay que confiar de que cualquier sea nuestro pecado ya ha sido perdonado…al igual que la mujer, tenemos que tener mucho amor.

 
P. Javier Orozco, SFO, PhD

F. Javier es un teólogo y educador católico. Presentemente trabaja como director del ministerio hispano para la Arquidiócesis de San Luis, Missouri. Sus estudios son en filosofía y teología.
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Arte de Martin Erspamer, O.S.B.
de Religious Clip Art for the Liturgical Year (A, B, and C)
["Clip Art" religioso para el año litúrgico (A, B y C)].
Usado con permiso de Liturgy Training Publications. Este arte puede ser reproducido sólo por las parroquias que compren la colección en libro o en forma de CD-ROM. Para más información puede ir a: http://www.ltp.org/