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La Palabra que nos compromete
11º domingo del tiempo ordinario
16 de junio de 2013

Primera lectura: II Samuel 12: 7-10
Salmo responsorial 32:1-2, 5, 7, 11
Segunda lectura:Gálatas 2: 19-21
Evangelio:San Lucas 7: 36-50


Una oración de fe
 
"Tengo algo que decirte."

Antes pensaba que las partes más aburridas de las Sagradas Escrituras eran las narraciones y parábolas patentes. Me atraían más bien los pasajes que eran mandamientos rotundos o por lo menos sugerencias. Estas declaraciones morales eran claras y directas. Me conmovían. Cuestionaban el idealismo de uno. Revelaban la manera en que se debía vivir.

Finalmente, me encontré con un director espiritual que rehusó dejarme usar las Sagradas Escrituras como mapa para mi viaje espiritual. En los retiros que hice con el difunto Paul Quay, un sacerdote jesuita, me dijo que no aplicara ninguna de las Sagradas Escrituras directamente a mi vida o a los temas que más me importaban.

Lea el texto simplemente con fe. Reflexione sobre el texto, pero no lo aplique a sí mismo de ninguna manera. Escuche lo que le dice. Observe lo que le enseña. Entréguese a la historia. Mire a ver si puede confirmar lo que pasa. Sea testigo de lo que pasa. Afirme con la fe que cree en la verdad del pasaje; esto es suficiente. Y sólo si hay algo que surge de la historia que le conmueve, deje que se convierta en realidad.”

Fue una incursión frustrante. Me gustaban las declaraciones moralistas y los retos derechos y agudos. Pero mi director no me dejaba aplicar las historias a mi vida. “No se meta en ellas,” me dijo, “a no ser que ellas se metan en usted.”

A pesar de mi resistencia inicial, encontré una sabiduría secreta en esta oración de fe. Y se reveló de la misma manera que en las Sagradas Escrituras.

El profeta Natán se fue a ver a David, no con condenación sino con una historia. Como era parábola, David no se alertó mientras escuchaba el relato.

Había dos hombres. Uno era rico y el otro era pobre. El rico, a pesar del gran tamaño de su rebaño abundante, dio a un viajero que le visitaba, no una de sus propias ovejas, sino el único cordero preciado de su vecino pobre.

David se enojó al oír el cuento. Mandó que el infractor indemnizara al vecino pobre o que hasta incluso recibiera condena de muerte. Fue en este momento cuando el profeta le dijo que la historia se trataba de él. Y sólo entonces David llegó a entender su ofensa a su amigo Urías, a quien había asesinado, y a su esposa Betsabé, a quien tomó por su propia esposa. En la historia, llegó a arrepentirse.

Nuestra resistencia al arrepentimiento se iguala a nuestra resistencia al amor. Si vemos que no podemos confiar que Dios nos ama sin condiciones, el método indirecto de las parábolas a veces es la manera más eficaz de ayudarnos a aceptar el misterio de nuestra propia redención.

En el Evangelio, Jesús decidió emplear una historia para desenmascarar la pretensión de superioridad moral de los fariseos. No le retó directamente a su anfitrión, quien se escandalizó al ver a una mujer pecadora lavarle los pies al Señor. Al contrario, contó la historia de un deudor a quien le condonaron una gran deuda.

Sólo entonces abordó el tema de la realidad de la situación de su anfitrión. Mientras el anfitrión no había hecho más que condenar a una pobre pecadora, esa misma pecadora se había arrodillado al pie de Jesús, le había lavado los pies, los había secado con su pelo---todo por su gran amor.

A menudo, vemos mejor la verdad con los cuentos sobre otras personas que cuando pensamos en lo bien o lo mal que nos estamos portando hacia los demás. Tanto si juzgamos a otros como si nos consideramos pecadores desesperados, debemos reflexionar sobre las parábolas de Jesús como hacemos con todas las sagradas escrituras con la oración de fe que recomendó mi antiguo director.

Si nos entregamos al misterio que queda dentro del texto; si llegamos a decir “Si, creo que podrías amar de tal manera tan generosa,” puede que lleguemos a oír las palabras que se dijeron a David dirigidas a nosotros. “Esta historia se trata de ti.”




John Kavanaugh, S. J.
Traducción de Kathleen Bueno, Ph.D.

El Padre Kavanaugh era professor de Filosofía en la Universidad de San Luis, Missouri. Su prematura muerte ha sido muy dolorosa para todos aquellos que le trataron en su vida.
THE WORD ENGAGED: Meditations on the Sunday Scriptures, Cycle C. Orbis Books, Maryknoll, New York (1997), pp.58-61.
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Derechos de autor © 1997 por John F. Kavanaugh. Todos los derechos de autor están reservados. Se usa con el permiso de Orbis Books, Maryknoll, New York 10545-0308
Arte de Martin Erspamer, O.S.B.
de Religious Clip Art for the Liturgical Year (A, B, and C)
["Clip Art" religioso para el año litúrgico (A, B y C)].
Usado con permiso de Liturgy Training Publications. Este arte puede ser reproducido sólo por las parroquias que compren la colección en libro o en forma de CD-ROM. Para más información puede ir a: http://www.ltp.org/