Jesús no puede hacer milagros. Al menos en este Evangelio del domingo.
Cuando él volvió a su ciudad natal, Nazaret, no pudo hacer una hazaña poderosa allá, salvo curar a unos enfermos poniendo sus manos encima de ellos.
¿Qué pasó a sus hazañas poderosas? ¿Adónde se fue su poder? Tal vez las palabras de Jesús podrían ayudar aquí. Muchas veces le dijo a la gente a quién había curado tu fe te ha salvado.
A la primera ojeada, este dicho parece loco. Si una acción llamada “fe” fuera todo que tomó para salvar a una persona, implicaría ninguna conexión a Dios o Jesús o El Espíritu Santo. La gente sólo exprimiría “un acto de fe” y sería todo lo que necesitaron.
Entonces, necesitamos mirar de qué se trata la fe.
Todos estos significados son buenos, y muy importantes. Pero aquí son las palabras del Catecismo que expresan el significado de la palabra “fe” como la usó Jesús.
La Fe es un acto personal—la respuesta libre de la persona humana a la iniciativa de Dios quien se revela (Catecismo, Paragraph 166).
Míralo: la fe refiere a una interacción entre uno mismo y Jesús, una relación impregnada en la confianza y el amor.
Si un esposo le dice a su esposa, “Tengo fe en ti,” y lo habla en serio, y su esposa le dice lo mismo, entonces están trabajando hacia el amor verdadero. Es lo mismo con la fe de que estamos hablando aquí. El significado más profundo de fe es esto: tener una relación mutua con Dios. Eso es, recibir el amor de Dios y responder a ello.
La Fe es un acto mutuo entre Jesús y una persona. Él ofrece darse a cada uno de nosotros. (Muchas veces) lo recibimos. Una falta de fe es como cerrar o incluso cerrar con llave las puertas a nuestros corazones.
Si esto tiene sentido para ti, entonces verás porque Jesús dijo “tu fe te ha salvado.” Si la fe es una palabra para la relación de una persona a Jesús, el curado tiene lugar porque tienes una relación verdadera, bilateral en confianza y amor.
En el Evangelio de Domingo, Jesús está tan desilusionado cuando enseña en su pueblo natal. Sus vecinos dicen,
“¿él no es el carpintero, el hijo de María, y el hermano de Jaime y José y Judas y Simón? ¿Y sus hermanas no están aquí con nosotros?” Tomaron ofensa con él.
Él estaba asombrado en su falta de fe.
Su relación a la gente de su pueblo natal no parece ser una relación. No podría forzar el lazo mutuo llamado “fe” en ellos. Él la ofreció, ellos la rechazaron.
No debe sorprendernos que no podría “hacer ninguna hazaña poderosa.”
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Fr. Juan
Foley, SJ

