Homilía
15º domingo de tiempo ordinario
13 de julio de 2014



La Simiente y El Pan

Cuando un profeta abandona la visión particular de un momento histórico y expresa los sueños más amplios del pueblo, la profecía se pone el manto de la literatura apocalíptica. La primera lectura de hoy es de la poesía apocalíptica de Isaías. La selección explica cómo la Palabra creadora de Dios realiza y plenifica todo.

Este pasaje del profeta Isaías toca el corazón de nuestra esperanza humana. Los dones de Dios no son opresivos; Dios no es paternalista sino padre. Los regalos vienen a nosotros como tareas para compartir y desarrollar. La vida, siendo el don más grande de Dios, llega a ser la gracia porque la agradecemos y compartimos.

Jesús recoge las palabras de Isaías en su parábola que habla de Dios como un sembrador generoso que riega su Palabra y confía en nosotros como un sembrador confía en la tierra. De algún modo habrá cosecha.

La versión de la parábola que nos ofrece Mateo hace conexiones entre las comunidades eclesiales de Antioquía y la semilla que da o no da fruto. Al presentar su parábola, Jesús no pensaba en la Iglesia porque ella ni existía.  Con su parábola, Jesús retaba a los oyentes a apreciar la Palabra de Dios que se halla evidente y pal-pable en cada sociedad, cultura, religión e historia. La semilla de la Palabra de Dios produciría cosecha en todos si no fuera por los obstáculos que le ponemos.

En la segunda lectura de hoy, San Pablo comparte su visión rica y relacional de la Palabra de Dios en Cristo y nosotros. El insiste en que somos parte del universo, nunca despegados de él sino unidos totalmente a su movimiento. Nuestros anhelos de justicia, amor y compasión son solamente la resonancia melódica y sombra oscura del sentido más profundo de dolor y esperanza que residen al centro del mundo creado.

Al principio del siglo, no conocimos la mitad de lo que podemos conocer hoy, ni hubo los instrumentos de investigación. Hoy, con grandes conocimientos a mano, no hemos sabido darles su reflejo en las aguas estancadas de nuestras relaciones. El conocimiento está en la computadora, pero, como la ley no es justicia, tampoco es la computadora signo de la comprensión útil y relacional.

Vivimos en una época de grandes cambios sociales y relacionales, un tiempo que revoluciona la mente y corazón del ser humano. Como los pueblos menos retados de otras eras, nuestra generación puede poner fin a un mundo y crear otro. Entendiendo lo que nos dice San Pablo, ¿serán los cristianos el apocalipsis esperanzado de nuestra época?

La fe de los cristianos enfatiza, no las tecnologías, sino a los individuos que las usan y vinculan a las personas con la comunidad.  Nuestra imagen del futuro no es ni técnica ni proceso, sino una persona, Jesucristo el Resucitado. Teilhard de Chardín nos dice que “…no es metáfora decir que el hombre moderno es capaz de experimentar y descubrir a Dios en todo lo largo, ancho y profundo del universo que mueve” (El Fenómeno del Hombre, p.297).  En Jesús, nuestra humanidad se relaciona con la Palabra de Dios y con el universo creado por medio de esta Palabra.

La queja de San Pablo se estriba en nuestro problema de no reconocer las posibilidades unificadoras de la humanidad ni el efecto positivo y práctico que podemos tener en el mundo. Según Pablo, con el universo estamos dando a luz a un mundo nuevo y lleno de sorpresas agradables. ¿Cómo podemos todavía sentir apatía o aburrimiento en esta aventura humana?

Parece que alguien nos ha engañado, haciéndonos pensar que la espiritualidad que salva es la que nos aparta de los demás, cuando de verdad es la que nos relaciona y solidariza con el mundo y la humanidad. Sólo con dificultad nos vemos relacionados. A pesar de buscar relaciones, hacemos más para encontrar lo que nos divide, evitando los hilos comunes que nos hacen pueblo y familia.  Confiamos más en la separación que en la cooperación.

Como cristianos, no somos estos celebrantes de lo regado y caótico. Somos el sacramento de la conexión humana entre el universo amado y el Dios que es amor absoluto e incondicional. Supuéstamente creemos en el Cristo que transforma nuestro mundo; entonces, ¿por qué no vivimos según nuestro creer para celebrar, por medio de nuestras  diversidades gloriosas, la humanidad solidaria?


Donaldo Headley


Donaldo Headley se ordenó al sacerdocio en 1958. Se graduó con MA en filosofía y STL en teología de la Facultad Pontificia del Seminario de Santa María del Lago en Mundelein, Illinois.
Derechos de Autor © 2013, Donaldo Headley.
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Arte de Martin Erspamer, O.S.B.
de Religious Clip Art for the Liturgical Year (A, B, and C)
["Clip Art" religioso para el año litúrgico (A, B y C)].
Usado con permiso de Liturgy Training Publications. Este arte puede ser reproducido sólo por las parroquias que compren la colección en libro o en forma de CD-ROM. Para más información puede ir a: http://www.ltp.org/