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La Palabra que nos compromete
15º domingo de tiempo ordinario
13 de julio de 2014


El problema del mal
 
"La creación entera gime."

La creación tiene su costo.  Ser criatura, no creador, es ser incompleto, sin terminar.  El ser creado es radicalmente insuficiente para producirse y mantenerse.  Por consiguiente Dios, al desear que existiera un ser que no sea dios, tuvo que querer que hubiera seres débiles y de estado incompleto.  Así es el precio de ser criatura.

Sin embargo, a pesar de que la creación no es Dios, es sin embargo preciosa en su estado incompleto y dependiente.  Considere la mano del ser humano, tan delicada en su fuerza, tan flexible y alerta, tan sensible y expresiva.  Aun así, puede romperse en un instante, amputarse, dañarse.  ¿Sería mejor que no existiera?  O, ¿podemos decir que la mano es algo glorioso a pesar de su fragilidad?  ¿Es la fragilidad su gloria?

La risita de un bebé, la risa sin límites de un niño---nos desarman y nos encantan. Pero la misma voz encantadora puede pronunciar destrucción, expresar ira y miedo, alarmarse por los terrores de la noche y por los demonios del parque infantil.  ¿Habría sido mejor crearnos sin sentimientos, sin la risa, sin sentir el daño?

Somos inherentemente deficientes e insuficientes, incuestionablemente vulnerables.  Así es el dolor de la tierra.  Pero los sufrimientos del tiempo, escribe San Pablo, no son nada al compararse con la gloria que se revela en nosotros.  Existe la futilidad en nuestro ser sólo si es lo único que hay.  La flor se marchita y languidece.  Con el paso del tiempo el cuerpo joven envejece y languidece durante mucho tiempo.  La carne se endurece primero, luego se derrite, corruptible, esclava del espacio y del tiempo.  Y aun así, la encontramos gloriosa, y con razón.  Dios también lo hace.  Esta carne insignificante, como la creación entera gime, desea acabarse, cumplirse, y descansar.  Así es la gloriosa agonía de nuestra condición.

Nosotros, como la tierra que nos trae al mundo, estamos sometidos a las grandes leyes inexorables del crecimiento y del deterioro.  Somos fundamentalmente buenos, somos criaturas que crecen; sin embargo porque crecemos, nos falta algo.  Este misterio, que se encuentra bajo la formación de las cordilleras y las columnas vertebrales, se llama mal físico, deficiencia, el parásito de un universo sin terminar que es bueno. 

Pero la llegada de la vida del ser humano aumenta los intereses: las alegrías y las catástrofes.  Porque a este mundo se echaron criaturas que no solamente eran incompletas físicamente, sino también en su naturaleza.  Hombres y mujeres no recibieron únicamente el don de vida, sino también de una vida consciente de sí misma, dotados con la libertad de afirmar o rechazar lo limitado buenos que eran. 

Las montañas demuestran fuerza, y los mares rugen, pero los seres humanos dicen “Sí.”  Es posible también que digan, “No.”  Y fue por ese sí o no que valió la pena que Dios tomara el riesgo final.  Además del gran drama del desarrollo orgánico, también habría el gran drama del libre albedrío.  De tal creación vendrían no sólo las glorias del amor, sino las catástrofes del mal moral.

Algunos de nosotros no lo entenderíamos por nada.  En el camino de la vida, sin raíces, los pájaros que nos pasan pican de nuestra libertad.  Para otros, la libertad se seca y se muere. Todavía otros ahogan las opciones por miedo y ansiedad mundana.  Pero, por otro lado, otros gozan de todo.  Aceptan los límites de la vida, el don de ser buenos pero no Dios.  Aman  el don de la dependencia como criaturas.  Y dan fruto mil veces más espléndido que la cosecha de los árboles.

Al igual que las lluvias y la nieve bajan de los cielos y no vuelven allá hasta que riegan la tierra, así será la palabra que sale de mi boca.  No volverá a mí vacía, sino que cumplirá con mi voluntad, logrando el fin por el cual la envié.'


John Kavanaugh, S. J.
Traducción de Kathleen Bueno, Ph.D.

El Padre Kavanaugh era professor de Filosofía en la Universidad de San Luis, Missouri. Su prematura muerte ha sido muy dolorosa para todos aquellos que le trataron en su vida.
THE WORD EMBODIED: Meditations on the Sunday Scriptures, Cycle A.
Orbis Books, Maryknoll, New York (1998), pp. 85-86.
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Derechos de autor © 1998 por John F. Kavanaugh. Todos los derechos de autor están reservados. Se usa con el permiso de Orbis Books, Maryknoll, New York 10545-0308

Arte de Martin Erspamer, O.S.B.
de Religious Clip Art for the Liturgical Year (A, B, and C)
["Clip Art" religioso para el año litúrgico (A, B y C)].
Usado con permiso de Liturgy Training Publications. Este arte puede ser reproducido sólo por las parroquias que compren la colección en libro o en forma de CD-ROM. Para más información puede ir a: http://www.ltp.org/