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La Espiritualidad de las Lecturas
Decimoquinto Domingo
del Tiempo Ordinario B
11 de julio, 2021
John Foley, SJ

Gracias

Daba una vuelta en el tiempo hermoso. La ciudad tenía su apariencia habitual fuera del campo y algo arruinada, y solamente iba de compras. De repente, inesperadamente, la gratitud sencilla me vino. No transcendental, no el resultado de razonamiento complicado, sólo un júbilo modesto y suave. Miré en admiración hacia mis manos, las cuales funcionan bastante bien. Pensé de los amigos en mi vida, los queridos.

Sin ser apuntado, dije en voz alta las palabras, “gracias.”

Manténgannos los ojos abiertos también. Somos muy amados.

Luego, este evento muy callado tuvo una conclusión: La gratitud es un trampolín para contribuir a la comunidad.

La primera motivación para dar es la gratitud.

Otro ejemplo, demasiado personal supongo. Tengo los ojos anchos. Nunca he podido mirar en los dos lentes de cualquier conjunto de binoculares. Por años mi hermano se puso a resolver este problema y alcanzó resultados que casi funcionaron, pero no de todo. Milagrosamente aún, cuando estaba escribiendo esta misma reflexión, un regalo de cumple llegó en el correo. Uds. lo adivinaron, unos binoculares.

Pero no se pongan emocionados, estos no me quedaban bien tampoco. Podría mirar de un lente u otro, no los dos a la misma vez. Esperando contra esperanza yo peleé con ampliar la distancia entre los brazos y se puso complicado. Sin querer estreché la distancia en vez de ampliarla. ¡De repente, pudo ver con los dos ojos! ¡Estos binoculares en su posición más amplia eran demasiado amplios para mí!!!!! ¡Con sus brazos estrechados yo podría ver, y eso significó ver en 3D también!

Me encantan los binoculares, por supuesto, pero aún más, imaginé a mi hermano mandándomelos, su cara de sonrisa. Le estaba agradecido a él y por éI. Esa gratitud me hizo querer hacerle algo en cambio.

Expresado simplemente, la motivación principal para dar es gratitud.

¿Cómo se aplica esto? Debemos preguntar por qué Amos respondió tan audazmente en la primera lectura/ First Reading.

Amos, el profeta, quien era un pastor y “decorador de sicomoros,” descubrió que Dios lo quería para un trabajo nuevo. No más mirando el rebaño, no más podando los árboles. Ahora era un visionario, alguien quien profetizaría a la gente. Por supuesto Amos dejó todo y se fue a Betel (como 10 millas al norte de Jerusalén) donde predicó fuego y azufre contra la manera de la vida que él vio en ellos. Como resultado el cura principal de Betel lo echó de la ciudad, pero escuchen esto, Amos se fue al sur de Judá y predicó allí.

¿Por qué?

Tal vez el paisaje feroz del campo lo había abierto y le dejó que Dios le diera. En ese caso, su sermón fue un acto de gratitud.

Podemos decir lo mismo de los apóstoles en el Evangelio. Eran hombres de acción por eso probablemente no se enteraron activamente que estaban agradeciendo a Jesús. Pero tenían una comprensión crecida de qué Él estaba dándoles, y calladamente lo amaron más y más. Cuando les dijo que salgan a predicar y aparten a los demonios, ellos sabían que la misión les quedaba bien. Él descubrió una manera para que ellos empiecen a ver con ambos ojos. Si es así, su gratitud era la razón para ir adónde Él les mandó.

Manténganos nuestros ojos abiertos también. Somos muy amados.

Y listo para ser mandados.

Juan Foley, SJ

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Fr. Juan Foley, SJ



Arte de Martin Erspamer, OSB
de Religious Clip Art for the Liturgical Year (A, B, and C)
["Clip Art" religioso para el año litúrgico (A, B y C)]. Usado con permiso de Liturgy Training Publications. Este arte puede ser reproducido sólo por las parroquias que compren la colección en libro o en forma de CD-ROM. Para más información puede ir a: http://www.ltp.org