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Reflexiones
16º domingo de tiempo ordinario
20 de julio de 2014


Un hombre salió a sembrar trigo. En la noche su enemigo se metió en el campo y sembró una mala hierba. Pronto los hijos del dueño se dieron cuenta de la traición y cuando aparecieron las espigas querían arrancar la mala hierba para proteger la cosecha de trigo. Pero su padre dudó. El enemigo maliciosamente plantó una mala hierba que, en sus primeras etapas, se parece mucho al trigo. Temeroso de destruir el precioso trigo por equivocación el padre mandó que los dejaran crecer y a la hora de la cosecha sería más fácil distinguir el uno del otro y separarlos con más atino. Claro que sus hijos, más impulsivos, querían separarlos inmediatamente pero el padre prevalió. Se vio la sabiduría del papá cuando por fin cosecharon. Separaron las dos cosechas y resulta que el enemigo, sin darse cuenta, no sólo no destruyó la cosecha sino que le dio dos cosechas: además del trigo, lo demás era una especie de mala hierba que servía muy bien como combustible para calentar la casa y quemar en el horno para convertir el trigo en pan.

Y esto, ¿qué tiene que ver con el Reino de Dios? El reino de Dios es el mundo como Dios lo planeó. Es el mundo y nuestra vida cuando lo vivimos como Dios desea. Y fue Jesús quien vino para encarnar el reino: para enseñarnos con palabra y ejemplo cómo vivir y hasta nos incluyó en su cuerpo místico para seguir construyendo el reino.

De los tres ejemplos que el Señor nos da en éste el 16o domingo de tiempo ordinario, me fascina el de las dos cosechas. El reino de Dios y el del Mundo crecen lado a lado: el mundo contiene lo bueno y lo malo. Y nosotros, como los hijos del dueño, no tenemos el derecho de decidir quienes de nuestros prójimos son trigo y quienes mala hierba, sino que respetamos a todos. Lo que ahora parece mala hierba y poco útil puede llegar a ser un gran santo si le damos tiempo. Nuestro papel en el Reino es crecer y dar vida, no juzgar a los demás o separarlos en lo que sirve y lo que no.

Luego el Señor pasa a otro ejemplo de lo que es el reino. Se parece a lo que pasa con una semilla de mostaza. En sí la semilla parece pequeña e insignificante. Pero plantada en tierra buena se desarrolla en un árbol enorme en que vienen pájaros y ardillas a poner sus nidos. Es como el mismo Jesús que se encarnó. El encarnarse quiere decir mezclar nuestro espíritu con lo material hasta con lo sucio. No es algo insubstancial. La semilla tiene que meterse en la tierra y hasta perder su forma para convertirse en algo más grande y noble. Quien dice que "sí" al reino de Dios está dispuesto a que el Señor haga con él lo que quiera, hasta transformándolo en otra cosa: semilla en árbol. Se parece al Reino de Dios: es algo vivo, crece paso a paso, otros lo pueden ver, y da vida a los demás. A veces somos perfeccionistas y nos exigimos lo que Dios nunca nos pide, pues sólo Dios es perfecto. En los momentos en que me critico por no hacer algo perfectamente o tan bien como lo hace mi hermano, Dios me recuerda que no nos pide más que la obediencia. La semilla / árbol es un buen instrumento de Dios porque su desarrollo es paulatino y en cada momento de su desarrollo obedece al Señor: tanto en su pequeñez como en su enormidad.

Por fin el Reino se parece a un poco de levadura que una mujer mezcla con harina. Fíjense como el Señor primero enseña del reino con ejemplos que los hombres entienden y luego con un ejemplo que las mujeres entienden, la cocina. Otra vez vemos que el Reino de Dios no es algo insubstancial y espiritual separado de los elementos mezquinos de nuestro mundo sino que se mete en el Mundo inmundo, se mezcla con lo imperfecto para perfeccionarlo. La harina, como muchos aspectos de nuestro mundo de diversiones y política, no puede alcanzar nada de valor por si sola. Pero mezclada con el Reino de Dios que debe penetrar todos los aspectos de la realidad, el mundo que nos rodea se santifica. La harina no se puede comer; no da vida. Pero mezclada con un poco de levadura, hecha masa, y metida en el horno produce pan para la vida del mundo. Por desgracia hay algunos que se llaman cristianos que prefieren separarse del mundo con su infinidad de males para no contaminarse. No. Como el Mesías Dios nos puso aquí para ser cien por ciento de este mundo y para convertirlo todo en el Reino de Dios. Y en los momentos en que nos impacientamos diciendo, "no podemos crear el Reino de Dios; es una tarea demasiado grande," recuerden que, en efecto, el que crea el Reino no somos nosotros sino Dios. El lo creará en el tiempo debido y mientras tanto nosotros no somos más que sus humildes instrumentos.

P. Richard Vogt, S. J.

El ministerio del P. Richard Vogt, S. J., es con la comunidad hispanoparlante de la parroquia de Nuestra Señora de Guadalupe en St. Louis, MO.
Derechos de Autor © 2014, Richard Vogt.
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Arte de Martin Erspamer, O.S.B.
de Religious Clip Art for the Liturgical Year (A, B, and C)
["Clip Art" religioso para el año litúrgico (A, B y C)].
Usado con permiso de Liturgy Training Publications. Este arte puede ser reproducido sólo por las parroquias que compren la colección en libro o en forma de CD-ROM. Para más información puede ir a: http://www.ltp.org/