Homilía
16º domingo de tiempo ordinario
19 de julio de 2015



Vamos Aparte

Es probable que Lucas fue inspirado por un texto como la selección evangélica de hoy para escribir sus normas para la misión de la Iglesia. Él sugiere en un pasaje de los Hechos (2,4247) que debemos oír lo que dicen los apóstoles sobre la resurrección, responder a ello compartiendo y celebrando la vida en comunidad, y comprender las coyunturas de la fe por medio de la oración reflectiva.

La oración no es un "dame esto" o "dame lo otro" ni una lucha en contra de poderes extraños, sino el esfuerzo constante y consciente para permanecer con el Dios que nos acompaña. La oración no se encuentra siempre al nivel del habla o de la razón. Frecuentemente se esconde, un murmullo silencioso que reta la vida.

Jesús lleva a los discípulos a un lugar despoblado, lejos de su misión y la gente. Esta separación temporal era clave para su ministerio; a nosotros también ello nos debe importar. Queriendo llevar a cabo cambios positivos en el mundo, debemos aprovechar momentos de reflexión. Si no, las actividades que nos rodean nos dejarán confusos y sin poder.

Marcos parece ser un enamorado de las historias de la creación. El día séptimo, día de descanso y reflexión, es tan bello y posee tanta importancia como los demás días. Los discípulos tocan las puertas y sanan a los enfermos porque Dios los acompaña y crea el mundo de nuevo. Formar parte de este sorprendente acontecimiento requiere ser libres y no esclavos apáticos. Hay que reflexionar en lo que pasa, lo que hacemos nosotros y lo que otros también nos hacen.

Durante la época de la misión ChicagoPanamá, la costumbre nuestra era trabajar fuertemente por las tardes y reunirnos en las horas de la mañana para la reflexión bíblica. Sin embargo, cada lunes, salimos a la montaña o la playa para relajarnos y conversar sobre los sueños demorados. Esto fue esencial para nuestra comprensión del Evangelio y puso freno a la acción inconsecuente. Nos hizo más humanos y nos trajo la madurez espiritual. Sin embargo, hoy como familias, grupos ministeriales o equipos pastorales no nos reunimos y parece que nos hemos olvidado de la importancia de la reflexión calmada que hace que el Evangelio dé su fruto liberador y creador.
 
El Evangelio nos anima a movernos y actuar en el mundo, pero nos reta también a saber por qué nos movemos. A veces, somos un modelo clásico sólo de la acción frustrada. Sin la reflexión terminamos, no convirtiendo el mundo en el Reino de Dios, sino tristemente cambiados nosotros por el ambiente en una presencia desesperada.  

Jesús lleva a los discípulos a un lugar despoblado y la gente los sigue. Una vez más, la muchedumbre se reúne y espera su mensaje; esto también nos enseña algo. Rodeados por la multitud y presentes a las penas y alegrías de tantas personas, de todos modos somos capaces de preservar la reflexión. Es posible estar con otros y rezar, vivir conscientes de un Dios que mora con nosotros y del Dios que otros nos traen. La reflexión no significa vivir aislados, sino ver a Dios en dondequiera que se revela, en los ecos silenciosos del corazón al desarrollarse el día, en el cuento que nos echa el prójimo y en el toque de una mano que muestra la presencia de un amigo.

Al definir bien nuestras prioridades, cualquier persona o lugar nos sirve para que Dios resuene entre nosotros. Uno no busca a Dios; uno se tropieza con su presencia en todo momento y entre todas las voces y problemas del día. No hace falta el claustro de un convento para rezar, sino el reconocimiento de nuestros dones, el compañerismo y las estrategias que llevan nuestras acciones al mundo necesitado. Para la oración no hace falta una capilla vacía y solitaria, sino el aposento, lleno de historia y apretado de gentes, que es nuestro corazón.

Donaldo Headley

Donaldo Headley se ordenó al sacerdocio en 1958. Se graduó con MA en filosofía y STL en teología de la Facultad Pontificia del Seminario de Santa María del Lago en Mundelein, Illinois.
Derechos de Autor © 2013, Donaldo Headley.
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Arte de Martin Erspamer, O.S.B.
de Religious Clip Art for the Liturgical Year (A, B, and C)
["Clip Art" religioso para el año litúrgico (A, B y C)].
Usado con permiso de Liturgy Training Publications. Este arte puede ser reproducido sólo por las parroquias que compren la colección en libro o en forma de CD-ROM. Para más información puede ir a: http://www.ltp.org/