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La Palabra que nos compromete
16º domingo de tiempo ordinario
19 de julio de 2015


Jesús no es Ningún "Boy-o"
 
“Los han echado fuera.”

De vez en cuando, mi tío en Galway, Irlanda, hablaba de un tipo de sacerdote en particular como un “boy-o”: “Si, él era un verdadero ‘boy-o’.” Después de muchas visitas a su finca y de darle la lata sin cesar, mi tío por fin me explicó lo que quería decir, a pesar de su reticencia por decir algo irrespetuoso sobre “los curas.”

Un “boy-o” era la clase de sacerdote que si veía que uno tenía dos gansos buenos, diría, “Vaya ganso más bueno que tiene,” y esperaba que le llevara el otro a su domicilio a la mañana siguiente. Un boy-o siempre le hacía a uno sentirse incómodo, por las tareas tan onerosas que imponía. Un boy-o venía para que le sirvieran en lugar de servir. Un boy-o les hacía temer y temblar en los bancos de la iglesia si se les ocurría tener otra idea que no era la suya. Un boy-o dividía la parroquia, humillaba al pecador, y hasta le haría a uno poner en duda a Dios.

Mi tío era verdaderamente un señor amable que no se quejaba, pero un boy-o le hacía hervir la sangre. Menos mal que no tenía el genio de Jeremías. “¡Ay de los pastores que confunden y dispersan el rebaño…los han echado fuera!” Jeremías reprocha a los pastores que se cuidan a sí mismos más que al pueblo. Dios reunirá el rebaño y los retornará con nuevos pastores que les enseñarán a no temer ni temblar.

En estos años hay noticias de pastores que han abusado de nuestros jóvenes. Los titulares nos dejan tristes e indignados. Pero también se conocen otros pecados menores de los pastores. Algunos católicos se han sentido perdidos en el pasado al salir de los confesionarios. A otros se les ha ridiculizado el rezo de sus rosarios, burlado su piedad, y declarado sus creencias de la niñez como superstición. Gente laica madura e inteligente ha hablado de experiencias raras en que se les ha tratado como si fueran niños—o en el caso de las mujeres—como personas insignificantes. A otros se les ha puesto a prueba la fe por celebraciones superficiales de la eucaristía, por homilías divagadas, y por quejas sobre el dinero.

Sólo algunos casos—no muy comunes, espero—pero nos recuerdan bien que Jeremías nos habla a nosotros en nuestro tiempo. Pastorear es una tarea abrumadora y peligrosa, no solo para los líderes de la Iglesia, sino para todos los padres y toda persona que cuida a otra persona.

Para que no nos desanimemos, Jesucristo nos enseña la manera correcta de obrar. Él trata con cariño a los incapaces: “Vayan solos a un lugar desierto para que descansen un poco.” Y es compasivo hacia el pueblo. “Se compadeció de ellos, porque eran como ovejas sin pastor; y se puso a enseñarles largamente.”

John Kavanaugh, S. J.
Traducción de Kathleen Bueno, Ph.D.

El Padre Kavanaugh fue profesor de Filosofía en la Universidad de San Luis, Missouri. Su prematura muerte ha sido muy dolorosa para todos aquellos que le tratamos en su vida.
THE WORD ENCOUNTERED: Meditations on the Sunday Scriptures, Cycle B.
Orbis Books, Maryknoll, New York (1998), pp. 87-89.
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Derechos de autor © 1998 por John F. Kavanaugh. Todos los derechos de autor están reservados. Se usa con el permiso de Orbis Books, Maryknoll, New York 10545-0308

Arte de Martin Erspamer, O.S.B.
de Religious Clip Art for the Liturgical Year (A, B, and C)
["Clip Art" religioso para el año litúrgico (A, B y C)].
Usado con permiso de Liturgy Training Publications. Este arte puede ser reproducido sólo por las parroquias que compren la colección en libro o en forma de CD-ROM. Para más información puede ir a: http://www.ltp.org/