Homilía
17º domingo de tiempo ordinario
27 de julio de 2014



Sacando Cosas Nuevas Y Cosas Antiguas

Las parábolas del reino en el evangelio según Mateo no representan un apego al conformismo.  Jesús reta a su auditorio.  En estas personas habrá cambios de valores y propósitos. Ellas soñarán con un futuro que pertenecerá al Dios que es amor. Nada será igual. Antiguas y nuevas oportunidades aparecerán para todos.  Habrá sorpresas.

El reino de Dios en Mateo nos muestra un Evangelio creador con valores tradicionales. La innovación no tiene tanta importancia como la necesidad de realizar las esperanzas del pueblo actual.  Se amplían las posibilidades históricas de los pueblos, y los convencidos comienzan a actuar en su propio ambiente para mejorar la vida de todos.

Unos cuantos piensan que las prácticas litúrgicas de hoy son nuevas, y no las son. Ellas ahora nos ofrecen un reflejo mínimo de lo que era la "fracción del pan" celebrado por los primeros cristianos. Los apóstoles no hubieran comprendido el propósito de la misa tridentina. Su eucaristía era una oración sencilla con lecturas y cantos en la casa de un vecino fiel. La acción de levantar la hostia sobre un altar no cabía en las experiencias de Pablo y Lidia.

Buscando una salvación segura, hemos intentado nombrar como absolutas unos detalles que son meramente condicionales según la historia.  Por ejemplo, el concepto de un sistema religioso único de siete sacramentos no se le ocurrió a nadie antes del siglo trece. Por siglos, pueblos diferentes habían organizado sus ritos de distintas maneras según sus culturas. Sólo después llega-ron los teólogos para explicar los ritos.

El propósito de los tropiezos teológicos, sean ellos de Aquino o Gutiérrez, ha sido de revelar la gloria del Dios que nos ama, y a veces, nuestro Dios aparece a pesar del muro de palabras que le construimos.  Hasta la Inquisición tenía que admitir que la teología puede ser multiforme. Cualquier teología depende de la filosofía de su época, sosteniendo o corrigiéndola. Los documentos proclamados en Éfeso o Cesaría necesitan nuevas palabras para decir la misma verdad hoy. El teólogo histórico de cualquier era ofrece una síntesis que, en otra época, no se va a entender sin cambios. La teología re-presenta un intento de comprender el evangelio según la práctica y estudio de los pueblos que comparten una historia muy particular.  La teología tecnificada de esperanza, introducida después de la Segunda Guerra Mundial, no ayudaba en nada a los pueblos en desarrollo. El alimento artificial para los infantes, el tractor que quitaba el trabajo a cincuenta obreros o la computa-dora que trasladaba fondos de los bancos estadounidenses al cartel de Medellín formaban parte de los avances técnicos alabados por los teólogos euro-peos. Los campesinos latino-americanos y asiáticos, los invasores de las tierras del latifundio, confrontaban esta teología de los ricos durante sus diálogos de noche con lámparas de kerosén para dar luz y un te de hierba de limón para matar el hambre. Estos crearon una teología de otro punto de vista y con consecuencias muy diferentes.

Hacer teología es el derecho de todo pueblo que vive el Evangelio; la teología no pertenece únicamente a los teólogos de biblioteca. Estos últimos sólo pueden reflejar y enfocar el sentido de lo que la gente vive en la presencia de Dios. Si los mismos feligreses no hacen su reflexión sobre lo que se vive en una parroquia, no habrá una teología en esa parroquia, no obstante quien sea su párroco o los dones encontrados en su equipo pastoral.

La teología se hace por los que viven su vida bajo la amenaza del hambre y desalojamiento, por los abuelos y los nietos de una comunidad. La reflexión teológica sostiene el evangelio en un pueblo; ninguna decisión jerárquica local o universal debe amenazar el derecho de la gente para dialogar la Buena Nueva que nos dice que todo es posible, reuniéndonos  alrededor de esta Palabra de Dios encarnada en el Resucitado. Nosotros somos los que debemos responsabilizarnos por la teología de la comunidad y de la nación. ¿Quiénes somos nosotros, los pueblos de muchas culturas y lugares, acompañados de una historia de colonización y persecución, que intentamos construir una sociedad nueva por medio de la esperanza cristiana? No lo sabremos nunca si no comenzamos a sacar un fruto del diálogo y de la oración. ¿Qué teología debemos desarrollar para nuestros tiempos? ¿Qué dones viejos y nuevos tendremos que levantar en alto para así reflejar ante todos el sol de la justicia? La narración evangélica de hoy exige que los encontremos y aprovechemos para el bien de todos.


Donaldo Headley


Donaldo Headley se ordenó al sacerdocio en 1958. Se graduó con MA en filosofía y STL en teología de la Facultad Pontificia del Seminario de Santa María del Lago en Mundelein, Illinois.
Derechos de Autor © 2013, Donaldo Headley.
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Arte de Martin Erspamer, O.S.B.
de Religious Clip Art for the Liturgical Year (A, B, and C)
["Clip Art" religioso para el año litúrgico (A, B y C)].
Usado con permiso de Liturgy Training Publications. Este arte puede ser reproducido sólo por las parroquias que compren la colección en libro o en forma de CD-ROM. Para más información puede ir a: http://www.ltp.org/