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La Palabra que nos compromete
1º domingo de Cuaresma
9 de marzo de 2014

Desenmascarar el gran engaño
 
“El regalo no es como la ofensa.”

Se cuenta que un sabio director espiritual de las Islas británicas, ya mayor, dijo, “Hay algo de farsante en cada uno de nosotros.”

Si tenía razón, puede que su percepción haya tenido algo que ver con el pecado original.  La historia de Edén, usted recordará, fue un drama inventado con pretextos y encubrimientos.  Adán y Eva fueron los primeros en tragarse una gran mentira: negaron nuestra dependencia como criaturas.

Parece que dominamos el arte de negar a una edad temprana.  Fíjese en las palabras del “inocente” niño que al derramar la leche acusa a alguien que está al otro lado del salón:  “¡Mira lo que me has hecho hacer!”  Poco después de dejar la infancia echamos la culpa por nuestros errores a algún compañero de juego.  “Lo hizo Jaimito.”  Cuando llegamos a la adolescencia, imaginamos algún pretexto, alguna “aura,” que nos compensará por la deficiencia terrible que sentimos.  Algunos se hacen pasar por marginados, otros fingen estar muy al día en todo, otros hacen una pose de indiferentes.  Les ayuda vestirse con ropas de marca, como parlotean en un anuncio de Nike, “La buena ropa no se reirá de nosotros a nuestras espaldas.” Hasta durante los momentos antes de casarse, a algunos les acosa el miedo de que el futuro esposo o la futura esposa descubra cómo son de verdad y que entonces los rechace.

Deseamos tanto aparentar ser más atractivos, más inteligentes o más tranquilos o más buenos  de lo que somos.  Asumimos papeles:  “Padre José, el competente,”  “Hermana María, la carismática,” “la pareja perfecta,” “la historia del éxito,” “el santo o la santa,” “la viva imagen de la salud.”

“Ser bien atractivo es todo,” nos grita un coro de charlatanes consumidores.  Hasta los salones posmodernos del mundo académico han anunciado el hecho inevitable que todo lo que hacemos es una farsa para las estrategias de privilegio y placer.  El pretexto deja su marca en “el mundo real” de los pasillos de los institutos académicos, de la calles hostiles, y de las plataformas políticas.  Los encubrimientos no sólo derriban a los presidentes sino también amenazan la vida diaria.  Como dijo Freud, el mayor obstáculo a la curación de una persona herida es cuando pide ayuda pero para sus adentros no está dispuesta a enfrentarse con la verdad necesaria para curarse. 

¿Tenemos que aprender a engañar?  ¿Está infundida en nuestros huesos?  ¿Es la falla fatal de todo ser humano? 

Adán y Eva, según dicen, tuvieron casi todo.  La única desventaja fue que eran criaturas limitadas.  Eran buenos, pero no eran Dios.  Podían comer de todos los árboles menos del árbol de los límites, el árbol de ser criaturas. 

Fue su estado de criatura lo que les hizo vulnerables a la Mentira.

Sale la serpiente, esa bestia maliciosa, ese señor de las mentiras, que se burlaba de su obediencia y de su dependencia de Dios.  “¿De ningún árbol?”  (No, podían comer de todos menos uno.)  “¿No desean vivir para siempre?” (Pero ya podían comer del árbol de la vida.)

Ah, pero lo atractivo de no tener límites.  De ser Dios.  De ser auto-suficiente, de ser artífice de su éxito.  El pretexto era atractivo, deseable.  La trampa parecía tan bien preparada.

Así el pecado entró en el mundo, escribe San Pablo, por un hecho: la mentira de la auto-suficiencia.  Ésa fue la ofensa.  Y también se redimiría por un solo acto: una vida de pura verdad.  Ése fue el regalo. 

Las tentaciones que el diablo ofreció a Jesús no eran nada más que las ilusiones de que soñamos todos nosotros al desear la independencia radical.

“Llega a ser tu propio alimento.”  Sé auto-suficiente.  Muestra tu poder.  Pero Jesús rehúsa hacerlo. Sólo se alimentará de Dios.

“Muestra tu poder; utiliza tu varita mágica.”  Salta del tejado del templo con toda la confianza en ti mismo. Pero Jesús únicamente vivirá de la palabra y del poder de Dios. 

Mira desde la montaña más alta y ve todo lo que recibirás, si te entregas a la Mentira.”  Pero Jesús rechaza la auto-adoración, reserva la gloria sólo para el Señor Dios. 

El pecado de Adán y Eva fue rechazar la condición de ser humano: criaturas espléndidas, pero no obstante dependientes de Dios.

El regalo del nuevo Adán fue una aceptación total de la condición humana, una entrada tan profunda en nuestros límites, y hasta en los efectos de nuestros pecados, que no podría haber ninguna otra realidad en su conciencia que abandonar su voluntad al que lo envió.

Y ¿qué nos queda para nosotros, que no somos ni Dios ni salvador?  Bueno, recibir la verdad es algo grande y difícil.  Por eso, la verdadera confesión es un sacramento tan maravilloso (y tan raro).  Si simplemente aceptamos la verdad sencilla de nuestros límites y de nuestros pecados ante Dios y el pueblo de Cristo, revertimos la ofensa de Edén y entramos en el regalo del Calvario.

Al admitir las mentiras de nuestro egoísmo, de las grandes injusticias del mundo, de los excesos del apetito, de las heridas en nuestras relaciones, de todas las divisiones mezquinas en la Iglesia, dejamos caer de nuevo la máscara pesada de la decepción.  Al caerse de nuestras caras, descubre nuestra pobreza.

Somos pecadores, amigos míos.  Si no lo sabemos, sufrimos de una escasez de conocimiento de nosotros mismos.  Pero si nos abandonamos a la verdad, no solo que somos criaturas, sino también que nos hace muchísima falta la redención, llegamos a ser nuevamente libres, abiertos al amor.

Revertimos la gran mentira de Edén al aceptar la gran verdad de Getsemaní, ahora capaces de decir con Él que redimió nuestro estado caído, “en tus manos entrego mi espíritu.”


John Kavanaugh, S. J.
Traducción de Kathleen Bueno, Ph.D.

El Padre Kavanaugh era professor de Filosofía en la Universidad de San Luis, Missouri. Su prematura muerte ha sido muy dolorosa para todos aquellos que le trataron en su vida.
THE WORD EMBODIED: Meditations on the Sunday Scriptures, Cycle A.
Orbis Books, Maryknoll, New York (1998), pp.31-33.
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Derechos de autor © 1998 por John F. Kavanaugh. Todos los derechos de autor están reservados. Se usa con el permiso de Orbis Books, Maryknoll, New York 10545-0308

Arte de Martin Erspamer, O.S.B.
de Religious Clip Art for the Liturgical Year (A, B, and C)
["Clip Art" religioso para el año litúrgico (A, B y C)].
Usado con permiso de Liturgy Training Publications. Este arte puede ser reproducido sólo por las parroquias que compren la colección en libro o en forma de CD-ROM. Para más información puede ir a: http://www.ltp.org/