Homilía
23º domingo de tiempo ordinario
7 de septiembre de 2014



Relaciones

Casi siempre utilizamos este texto de Mateo para expresar lástima sobre relaciones que se han desplomados. “Debía haber dicho…debía haber hecho…” Sin duda, esto no es lo que significa el pasaje. No es una cura sino el medicamento preventivo. Nos quiere ayudar, no en o después, sino antes de la crisis relacional. Mateo nos habla de lo que nos hará falta en el remolino del diario vivir para no sufrir un colapso personal o comunal.

Mateo nos informa, no sólo sobre lo que puede sanar lo quebrado, sino de lo que nos sostiene desde el comienzo de la creación. El menciona los factores que crean las alianzas que nos hacen humanos.

La lectura explica que nadie sobreviva sin relacionarse con los demás. Una familia se desaparecerá si no se entiende con sus vecinos. La persona y la familia necesitan algo más grande que ellas mismas para crecer y fundamentarse en el mundo.

Nosotros vivimos en un mundo fragmentado. Hay muchos elementos que nos dan miedo y multiplican nuestros prejuicios, haciéndonos víctimas del aislamiento. Por ejemplo, uno puede pensar en tres razones para dejar abierta la puerta de su casa. Pero hay diez motivos para mantenerla trancada. Sin embargo, los que viven a nuestro alrededor tendrán que aprender a vivir con nosotros y nosotros también con ellos.

La fragmentación ha llegado a ser tan completa que nuestros hijos nos huyen y el perro de la casa nos ladra. ¿El esposo o esposa no se sentiría mejor durmiendo con una araña? Los vecinos son sólo esa gente que corrompe la noche por convertir su casa en discoteca. Con estas actitudes, nos hará falta un tornado para sacarnos del sillón y meternos en la calle. A mucha gente les parecía muy extraña la llegada de los griegos para ayudar a su antiguo enemigo, los turcos, durante la tragedia del terremoto. ¿Pero no es esto lo que la parábola del Samaritano exige?

Es cierto que la relación humana hace posible la reconciliación cuando alienados, pero también ella hace la vida posible desde su principio. Una criatura recién nacida tienta con los dedos, buscando no sólo alimento, sino lo que la hace persona histórica y le da entrada a una cultura particular. Después de este comienzo, la vida nos ayuda poco a poco a descubrir el sentido de los mitos y leyendas que revelan nuestra naturaleza hasta dejarnos enamorados de quien nos vendrá a significar más que nuestra propia existencia.

Una familia es capaz de encerrarse en una casa sin saber reconocer y apreciar a sus miembros. Vivir juntos, pero por separado, uno con la MTV, otros con las aventuras de Nintendo o los gemidos de la última te­lenovela, no trae la solidaridad de fe y propósito a una familia. ¿Cómo llegaron los niños a la familia y cuándo irán de su lado?

Una familia no se sostiene sin tener un sentido de su propia unión y de la relación llevada con las demás familias del barrio. Las historias de la creación narradas por los antepasados hablaban del matrimonio y la familia como el principio de todo y la renovación necesaria del mundo. Estas leyendas nos hacen entrar a la obra creadora de Dios. Los Návajo dicen que toda casa debe ser situada frente al oriente para recibir y reclamar la obra creadora del sol al amanecer. Hoy mismo se renueva el mundo.

Mateo nos dice que, cuando tres o cuatro de nosotros nos juntamos, el Señor nos acompaña. A la vez, nos explica que estos cuatro que son Iglesia nos deben desafiar para que lleguemos a ser personas integras y comunidad abierta. Cuando nos alienamos en el mundo, los que viven con nosotros, sea familia chica o comunidad grande, nos deben dar el calor que nos anima a acercarnos una vez más al Dios que es centro de vida y amor.

Las normas de Mateo son una medicina preventiva. Nos enfermamos al vivir alienados en esta tierra prometida. Si no sabemos formar parte de la promesa, viveremos trágicamente aislados. No hay integridad personal sin comunidad ni comunidad completa sin nuestro reto a ella. Como cristianos con deseo de compartir la mesa del Señor, debemos tomar en serio lo que Mateo dice, no sólo para recoger los pedazos ya rotos, sino para entender lo que todos debemos ser desde el inicio del proceso de la vida.


Donaldo Headley


Donaldo Headley se ordenó al sacerdocio en 1958. Se graduó con MA en filosofía y STL en teología de la Facultad Pontificia del Seminario de Santa María del Lago en Mundelein, Illinois.
Derechos de Autor © 2013, Donaldo Headley.
Todos los derechos reservados.
Se concede permiso para la reproducción para uso personal o uso parroquial.

Arte de Martin Erspamer, O.S.B.
de Religious Clip Art for the Liturgical Year (A, B, and C)
["Clip Art" religioso para el año litúrgico (A, B y C)].
Usado con permiso de Liturgy Training Publications. Este arte puede ser reproducido sólo por las parroquias que compren la colección en libro o en forma de CD-ROM. Para más información puede ir a: http://www.ltp.org/