Para conocer a Dios, cultivamos una relación con Él. Esto nos
facilita reconocerlo. Y poco a poco, comenzamos a sorprendernos de
las fuentes que nos revelan al Dios verdadero. Si conocemos las
verdades fundamentales de Dios, podemos reconocerle, aunque no le
den crédito a Dios por su gracia.
Dios es amor, verdad y vida; Dios es paz, justicia y misericordia.
Entonces, donde quiera que veamos estos atributos, allí Dios se
está manifestando; allí podemos ver a Dios. Porque Dios es
consistente en sus verdades y no se contradice.
Es un grave error limitar a Dios, porque Dios no tiene límites.
Dios no está limitado a un lugar, o un grupo, o un país. Dios no
necesita nuestro permiso o nuestra aprobación para manifestarse y
derramar su gracia.
Y si Cristo fundó la iglesia, no fue para hacernos creer que solo
allí se encontraría a Dios, sino que ella sería un punto de
referencia, para que el resto del mundo realice que Dios también
está presente en sus vidas. Si creemos en tener comunidades de fe,
como nuestra iglesia, es para facilitarnos el progreso en
precisamente identificar dónde está Dios en el resto de nuestras
vidas. Para crecer en nuestro conocimiento y nuestra relación íntima
con nuestro creador. Y nuestra facilidad de conocerle se expande,
para reconocerle en toda la creación y toda criatura. Y poder, como
consecuencia, conectar los puntos para todos los demás.
Reconozcamos nuestra deficiencia. Nuestro conocimiento de Dios no es perfecto (aunque algunos lo crean con voz alta, autoritaria y soberbia).
El conocimiento de otros sobre Dios no es perfecto tampoco. Eso no
quiere decir que Dios no se asome en sus vidas y revele su verdad a
ellos también.
Hay personas que nos ayudan a conectar con Dios y con quien Dios
es. A esas personas les podemos llamar profetas. Los profetas
resuenan en nosotros las verdades de Dios y de vivir en la presencia
de Dios. Ahora, no necesariamente a todos los profetas les llamamos
católicos y algunos ni siquiera podemos llamarle cristianos.
Por ejemplo, podemos ver como Dios se revela a través de un hindú
como Gandhi. Cuando Gandhi dice “mi vida es el mensaje”
puede compararse con San Francisco de Asís que dijo: “Predica
y si es necesario usa palabras”. O podemos hablar del rabino
judío, Abraham Joshua Heschel y su amplio trabajo frecuentemente
citado por cristianos. Una de mis favoritas dice: “Cuando yo
era joven, admiraba a la gente inteligente. Ahora que soy viejo,
admiro la gente amable.” Que nos habla de la prioridad del
amor. O del filósofo chino Confucio quien dijo: “Quien
aprende, pero no piensa, está perdido. Quien piensa, pero no
aprende, está en grave peligro.”
Al igual que le hicieron a Moisés y a Jesús, hoy, muchos también
quieren crear un escándalo si alguien hace referencia a la sabiduría
o las virtudes de personas de otras religiones o filosofías. Al
decir que estamos de acuerdo con un dicho de Gandhi, no quiere decir
que estamos en peligro de convertirnos al hinduismo, sino que
reconocemos a Dios actuando también allí. Que resuena con las
verdades que conocemos de Dios.
Y cuando venga un joven “Josué” como le pasó a Moisés y diga: “Señor mío, prohíbeselo”. Podamos también responderles como Moisés respondió: “¿Crees que voy a ponerme celoso? Ojalá que todo el pueblo de Dios fuera profeta y descendiera sobre todos ellos el espíritu del Señor”.
Ojalá que podamos darnos cuenta, y con frecuencia, de las múltiples maneras en las que Dios se revela en este mundo.
Donde quiera veamos gente que ama, Dios está allí. Donde quiera
veamos gente que practica la paz, la misericordia y la justicia,
Dios está allí.
Esto pasa también dentro del mismo cristianismo. Diversos grupos
cristianos adoptan diferentes estilos, disciplinas, conceptos de
Dios, y tienen diferentes prioridades que muchas veces no son las
nuestras. Más en todos ellos, Dios también desea revelarse. Y aun no
estando de acuerdo con ellos en mucha de la doctrina, moralidad, y
teología. Aun así, reconocemos que no tenemos un contrato exclusivo
con la gracia divina y nos hacemos eco a las palabras de Jesús en el
evangelio: “No se lo prohíban, porque no hay ninguno que haga
milagros en mi nombre, que luego sea capaz de hablar mal de mí. Todo
aquel que no está contra nosotros, está a nuestro
favor.”
El otro lado de la moneda es, poder discernir aquellos que están en
nuestra contra. Reclamar creer o representar a Jesús, pero
distorsionar su imagen, tiene consecuencias graves. Jesús nos da una
manera sencilla de cómo examinar a la gente y descubrir la verdad.
Tenemos que observar cómo tratan a los humildes y a la gente
sencilla. Jesús nos dice: “Al que sea ocasión de pecado para
esta gente sencilla que cree en mí, más le valdría que le pusieran
al cuello una de esas enormes piedras de molino y lo arrojaran al
mar.”
Estamos llamados a reconocer a los falsos profetas, que son
“ocasión de pecado” para los sencillos. Sembrando odio,
mentira, muerte, violencia, injusticia, racismo, prejuicio, venganza
en nombre de Cristo.
Por eso es importante tener nuestra vista fija en los atributos de Dios: amor, verdad, vida, paz, justicia, misericordia. Esto nos abrirá a reconocer los profetas de este mundo, cristianos o no. Allí Dios se está manifestando; allí podemos ver a Dios y darle gloria.
Dios me los Bendiga y Seamos Santos.


