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La Espiritualidad de las Lecturas
Vigesimosexto Domingo
del Tiempo Ordinario B
29 de septiembre, 2024
John Foley, SJ

La historia contada desde dentro

Tenemos, tú y yo, un interior y un exterior. Este hecho parece ser la clave del Evangelio para este domingo.

Sabemos que tenemos un “interior” por la tranquilidad que encontramos en un lago pacífico o al ver un árbol florecer o cuando estamos con un amigo muy querido. Experimentamos una quietud, una sensación muy quieta de bienestar. Este interior profundo es donde nuestros sentimientos y pensamientos son más genuinos, tan alegres o tan tristes como de veras son.

Mantente alerta al Espíritu dentro de los demás y respétalos por ellos, aun si no te caen bien.

Nuestro “exterior” es lo que frecuentemente usamos para interactuar con todo y con todos los demás. Es lo que somos por fuera. Debido a nuestro exterior, los otros nos perciben como decisivos, divertidos, amenazantes, tímidos o accesibles, y muchas otras cosas. Así es que pasamos el día en un mundo tan ajetreado, o a veces como nos recuperamos del día (viendo la tele, tomando cerveza, durmiendo).

El Espíritu de Dios elige habitar en lo más profundo de nuestro interior. No es que haya un problema con el exterior, sino porque en el interior más profundo es donde estamos formados en la imagen de Dios. Allí nos podemos abrir silenciosamente a los demás. Es un sitio que anhela dar amor y recibirlo de otras personas--y, si aceptamos, de Dios.

El exterior vive a veces en la tormenta, a veces a la luz del sol. Lamentablemente, a veces su voz es más fuerte que la del interior. Quiero comida. Quiero venganza. Estoy de mal humor. He dormido solo tres horas. Déjame descansar. Déjame disfrutar. Déjame triunfar. Lo quiero todo, y lo quiero ya.

Muy bien, pero ¿qué tal si todos tus deseos se cumplieran? ¿Y si ganas el mundo entero pero pierdes tu verdadero ser?

No te quepa duda, tú y yo nos dejamos distraer por lo externo. En san Lucas 12:16-24, Jesús señala esta tendencia nuestra. Dice, te has construido otro granero aun más grande para almacenar tus riquezas. Pero esta misma noche Dios te exigirá tu alma, y entonces qué te llevarás? ¿Tus bienes? No. ¿Tu apariencia? Tampoco. Es tu interior que te acompañará cuando te mueras. Dios habita allí, en el centro quieto de tu ser.

Es más, los que alejan a los demás de su ser interior no son bien recibidos en el Evangelio para este domingo. Hablando de los niños, Jesús dice,

El que escandalice a uno de estos pequeñuelos que creen, más le valdría que le encajasen en el cuello una piedra de molino y lo echasen al mar. (Evangelio)

¿De veras quieres ignorar una parte tan importante de tu ser, ahora, mientras te queda tiempo todavía para encontrarla? ¿Por qué no darle una oportunidad a tu ser interior, tal y como Jesús nos recomienda?

¿Cómo?

Pasa un rato en silencio todos los días. Dale al sediento un vaso de agua. Mantente alerta al Espíritu dentro de los demás y respétalos por ellos, aun si no te caen bien.

Y permite que el Señor te dé tu recompensa.


Juan Foley, SJ

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Fr. Juan Foley, SJ



Arte de Martin Erspamer, OSB
de Religious Clip Art for the Liturgical Year (A, B, and C)
["Clip Art" religioso para el año litúrgico (A, B y C)]. Usado con permiso de Liturgy Training Publications. Este arte puede ser reproducido sólo por las parroquias que compren la colección en libro o en forma de CD-ROM. Para más información puede ir a: http://www.ltp.org