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La Palabra que nos compromete
Vigesimoséptimo Domingo
del Tiempo Ordinario B
3 de octubre, 2021
John Kavanaugh, SJ


Los dos Serán una Sola Carne
“Lo que Dios juntó, no lo separe el hombre.”

Asistí a una boda este verano. Me parecía un privilegio especial porque no tenía que presidir, ni “hacer” la ceremonia. La novia fue antes estudiante mía, una de esas jóvenes que siempre quedan como una presencia luminosa en la vida de uno.

Los matrimonios fracasan. Cualquiera pensaría que este solo hecho nos quitaría nuestros sueños de para siempre.

Fue bella en todos los sentidos: en la sencillez, en las palabras profundas del sacerdote que dio el sermón y celebró la boda, en el esplendor de los novios, en las familias que se reunieron y se congregaron.

Pensé en esa boda cuando leí las sagradas escrituras para este domingo. “No es bueno que el hombre esté solo.” La intimidad, la relación—el fondo de nuestro ser. “Dios tomó una de las costillas de Adán.” Adán dijo, “Esto sí que es ya hueso de mis huesos y carne de mi carne.” Los dos llegaron a ser una sola carne.

Uno de los salmos canta: “En el seno de tu hogar, tu esposa será como vid llena de uvas; alrededor de tu mesa, tus hijos serán como brotes de olivo. Tales son las bendiciones del ser humano. Que vivas para ver a los hijos de tus hijos.”

¿Cuál es el acto de gran importancia que se recuerda aquí? Pensé en los novios jóvenes. ¿Qué es lo que deseaban decirse el uno al otro y al mundo? Querían decir “para siempre.”

Hay algo que alcanza a lo divino con ese deseo tan sagrado. Cuando permanecemos en el amor, nuestro corazón se eleva hasta lo infinito. Rilke dijo, “Amantes, ustedes tocan la pura eternidad aquí en la tierra.”

Aun así los matrimonios fracasan. Cualquiera pensaría que este solo hecho nos quitaría nuestros sueños de para siempre. Pero nunca he conocido a ninguna pareja de prometidos que deseaban darse un futuro “hasta que no funcione, hasta que te enfermes, hasta que vayas a la bancarrota, hasta que sufras una crisis nerviosa.”

¿Qué tenemos nosotros que deseamos decir “para siempre”? ¿Decir “eternamente”? ¿Decir “hasta el fin del mundo”?

Los fariseos le hicieron una prueba a Jesús. Fue un enigma acerca del amor eterno y la vida. Consciente de alguna manera de su terquedad, Él les contestó con una pregunta sobre lo que pensaban de Moisés, quien permitió el divorcio. Pero Jesús penetra hasta la profundidad de los deseos de nuestro corazón. “Ya no son dos sino una sola carne. Lo que Dios juntó, no lo separe el hombre.” “El que divorcia a su esposa y se casa con otra, adultera contra aquélla; y si la esposa divorcia a su esposo y se casa con otro, comete adulterio.”

Parece tan claro y rápido y brusco. Para algunos que lo oyen, parece hasta cruel. Y, desde luego, doloroso. Pero ¿no son siempre así las cuestiones del amor? ¿Quién de nosotros, al elegir una vida de alianza, nos conformaríamos con menos?

Esto nos lleva a la cuestión del fallo de nuestros amores, de nuestros matrimonios. A algunos finales los llamamos anulaciones (un término que otros pueden ridiculizar; dicen, ¿por qué no llamarlo divorcio—lo que es—en vez de fingir que es otra cosa?). Otros piensan que las anulaciones son farsas, que se compran fácilmente, se olvidan rápidamente.

Bueno, no se compran, no son farsas, y no son fáciles de conseguir. Sólo hace falta preguntarle a alguien que lo haya vivido. Una anulación es nuestro propio intento dentro de la Iglesia de aplicar nuestra propia ley, nuestras propias promesas, y nuestro deseo de honrar y obedecer a Jesús y al Génesis. No se trata tanto de juzgar nuestra relación con Dios (hay personas divorciadas y casadas de nuevo, sin beneficio de la anulación, que tienen una relación mucho más íntima con Dios que personas como yo, que nunca nos hemos casado) como es una declaración sobre nuestra relación del uno con el otro y con nuestras propias intenciones. Deseamos dar honor y respetar nuestras propias palabras.

Así un proceso de anulación es un intento de averiguar si dos personas estaban, en realidad, libres y capaces de elegir irrevocablemente en Dios para llegar a ser “una carne”.

Un divorcio puede indicar muchas otras cosas: que los dos que hicieron una alianza eterna se han ido apartando, que tenían diferencias irreconciliables, que una persona ya no toleraba a la otra, o que de alguna manera nunca eligieron de manera adecuada y completa llegar a ser irrevocablemente uno.
Una anulación sólo indica lo último.

Nosotros los católicos tenemos nuestras liturgias, nuestras comuniones, nuestras Eucaristías. Algunos de nosotros aquí presentes somos divorciados y hemos vuelto a casarnos y lo ponemos todo en manos de Dios, sin saber si hemos separado lo que Dios ha juntado en nosotros. Algunos han recibido anulaciones, una decisión humana ofrecida únicamente después de un análisis largo y un recuerdo doloroso. Algunos de nosotros lloramos en el fondo, sin acercarnos al altar de unión. Otros confían en Dios y se abstienen. Otros confían en Dios y toman parte.

Poca gente, gracias a Dios, juzga. Porque sea cual sea la relación con nuestra iglesia, sus leyes y tradiciones, todos rezamos en una comunidad de creyentes que somos pecadores; y, definitivamente, nos presentamos como niños ante nuestro Dios bueno y misericordioso.

Y Jesús habló al niño en cada uno de nosotros. “Dejen que los niños se acerquen a mí y no se lo impidan porque a los que son como ellos les pertenece el reino de los cielos. Les aseguro que quien no reciba el reino de Dios como un niño, no entrará en él.”

   “Y abrazándoles, les bendijo, imponiendo sus manos sobre ellos.”

Juan Kavanaugh, SJ
Traducción de Kathleen Bueno, Ph.D.

El Padre Kavanaugh fue profesor de Filosofía en la Universidad de San Luis, Missouri. Su prematura muerte ha sido muy dolorosa para todos aquellos que le tratamos en su vida.


Arte de Martin Erspamer, OSB
de Religious Clip Art for the Liturgical Year (A, B, and C)
["Clip Art" religioso para el año litúrgico (A, B y C)]. Usado con permiso de Liturgy Training Publications. Este arte puede ser reproducido sólo por las parroquias que compren la colección en libro o en forma de CD-ROM. Para más información puede ir a: http://www.ltp.org