La hipocresía es fácil de descubrir: ¡busquemos las inconsistencias!
Primero que nada: si Jesús nos pide que no seamos hipócritas, es porque Dios no es hipócrita.
Dios que es amor, jamás odia. Dios que es verdad, jamás engaña o miente. Dios que es vida, jamás mata. (Aunque en el Antiguo Testamento lo hayan visto diferente. [Tema más amplio para otro día.])
Dios es consistente. Sus verdades son consistentes. Y Dios nos pide a cada uno de nosotros que seamos consistentes.
¿Qué entonces por qué somos hipócritas? ¿Qué nos motiva a la hipocresía?
Nuestras afiliaciones, pasiones, lealtades, partidos, ideologías, sentidos de pertenencia y competencia. Nos volvimos fanáticos.
Hemos creado un falso sentido de lealtad, donde entendemos que ser leales es defender y justificar todo lo que le somos fieles a. Aun si nos ciega a par de verdades. Somos víctimas a la manipulación y hay muchos dispuestos, esforzándose por manipularnos.
La anti-idolatría clásica era iconoclasta, cero imágenes, cero estatuas. ¡Y todo estará bien!
Pero para ser idólatra, no necesitamos una foto, un cuadro, una estatua. Solo ver y justificar a gente e instituciones como solo se debe ver a Dios.
Estamos hablando de la predominante idolatría moderna, en donde endiosamos, o tratamos como se le debe tratar solo a Dios, a personas e instituciones. Predomina nuestra cultura.
La idolatría está más viva que nunca.
Lo vemos, entre otros, en la familia, en la política, en la religión, en la farándula y en los deportes.
Dios libre que critiquen a “mi candidato”, a “mi partido político”, a “mi religión”, a “mi artista favorito”, a “mi equipo favorito” o “mi jugador favorito”. Peor aún, Dios libre que critiquen a “mis hijos”.
Es nuestro deseo de ser perfectamente leales a estas instituciones imperfectas, es lo que nos mete en problemas. Este tipo de lealtad, solo se le debe a Dios.
Las consecuencias son reales y dañinas. Si creamos lealtades a quienes no se lo merecen, nos volvemos responsables de crear divisiones y conflictos con nuestro prójimo.
Puedo estar segura que todos hemos visto como esto funciona en el mundo.
Esos hacemos violencia y vamos en contra de nuestros instintos y de los dones que Dios nos dio. Y nos regocijamos de lo bueno que vemos, más también tratamos de justificar todo lo malo que transpira, para sentirnos mejor con nosotros mismos y nuestra ridícula decisión de afiliarnos de tal manera a estas personas o instituciones. Podemos hasta tratar de reclutar a otros a nuestras causas, para sentirnos afirmados. Nos volvemos inconsistentes; nos volvemos hipócritas. No se puede amar, reclamando odiar a alguien. No se puede luchar por la verdad, mintiendo y manipulando. No se puede luchar por la vida, queriendo castigar y oprimir la vida.
A Jesús no le asustaban los retos y las trampas de los Fariseos. ¡Dios es consistente! Y todos tenemos que aprender a ser consistentes.
Entonces que quería decirnos Jesús cuando les dijo a los Fariseos: “Den, pues, al César lo que es del César, y a Dios lo que es de Dios”.
Jesús nos pide que no nos confundamos. Que no le demos la fidelidad que le debemos a Dios a instituciones y personas humanas, y que no tratemos a Dios como un ser imperfecto; como una persona humana o una institución humana.
¿Cómo entonces podemos vivir entre instituciones y gente imperfecta siendo fieles a Dios?
No es que ahora no podamos apoyar a la familia, ni pertenecer a partidos políticos, ni apoyar candidatos, ni pertenecer a una religión, ni gustarnos artistas, atletas o equipos deportivos.
Lo que significa es que mientras vivimos y cumplimos con las normas y leyes que significan ser buenos ciudadanos de este mundo. Lo hagamos con una visión clara de lo que es del mundo es imperfecto y lo que es de Dios es perfecto.
Empezamos con nuestros niños. Criando a mis sobrinos, les enseñé a no ser fanáticos de nadie. Si a uno de mis sobrinos les gustaba Superman, por ejemplo, yo les compraba cosas con el logo del superhéroe, pero nunca con la cara del superhéroe. En eso quería que aspirara a ser el superhéroe, no un fanático de un superhéroe. Si a mis sobrinas les gustaba Wonder Woman, yo les compraba cosas con el logo, pero nunca algo con la cara del superhéroe o del artista que juega el papel. Que aspiren a ser heroínas, no fanáticas de una heroína.
Que mientras le damos al mundo lo que es del mundo, lo hagamos, apoyando todo eso lo que es bueno y compasivo, lo amoroso, verdadero, lo que da vida. Que lo hagamos criticando aquello en quienes apoyamos que se aleja de la verdad de quien Dios es y se aleja de la consistencia en Dios que queremos imitar. ¡Que Dios nos ilumine y nos dé la fortaleza y la sabiduría para entender esto! Y que el Señor nos libre de ser Hipócritas.
Dios me los Bendiga y Seamos Santos.


