Parece que existen dos reinos, el de Dios y el del César. Así lo dice Jesús en el Evangelio para este domingo. “Pagadle al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios.”
¿Pero no podemos vivir en ambos mundos? Queremos hacerlo, ¿verdad?
Jesús declaró eso para resolver la discusión ocasionada por una pregunta mal intencionada que le hicieron los fariseos. Pero si tomamos al pie de la letra sus palabras, entonces todo lo que es del César tiene que desaparecer porque no es Dios, o por otra parte, Dios tiene que desaparecer porque la ciencia y lo secular son tan poderosos.
¿Le has dado tu vida al César?
O tú, quizás, lo ves al contrario. Tal vez tomas tan en serio el cristianismo y la espiritualidad que procuras alejarte de todos los placeres para vivir una vida pura. A lo largo del cristianismo ha habido un sinfín de ejemplos: los ermitaños del desierto, las monjas y los monjes enclaustrados, los grandes místicos. “Un céntimo para el César y todo lo demás para Dios.”
¿Pueden Dios y el César coexistir?
¿Y si tú fuiste creado para ser un recipiente para la presencia de Dios justo en medio del mundo secular?
¿Y si hay dentro de ti un espacio donde Dios, en un acto de amor por ti, puede estar silenciosamente presente , a pesar de las voces interiores que te repiten que vales muy poco, a pesar de las derrotas en la vida, las pérdidas, el aburrimiento, las decepciones?
Ya me puedo imaginar las objeciones a semejante idea: “Dios jamás habitaría en mí, por lo menos hasta que no maneje mucho mejor mi vida.” O, “¿Quieres que parezca loco, andando por ahí como si fuera un santo?” O, “Pues claro, quiero que Dios esté en mí, pero me gustan demasiado la cerveza y la televisión.”O, “¿Qué tiene que ver todo esto con la vida real?” O, simplemente, “No quiero.”
Muy bien. Pero ¿qué pasaría si Dios fuera un gran amigo, fiel y cariñoso, que sinceramente quisiera estar contigo, habitar en ti plenamente? De hecho, ¿cómo sería la vida si Dios fuera un compañero que realmente te aceptara y te perdonara sin excepción?
Esta es otra manera de ver la relación entre el cielo y la tierra. Dios nos colocó a ti y a mí en este mundo para santificarlo, para apreciar lo que es del César. Para trabajar en un mundo pecaminoso, con Dios, a pesar de nuestros propios pecados.
Jesús dice, dale a Dios “lo que es de Dios.” “Es” no en el sentido de posesión, sino en el sentido de ser amado y de amar.
Si es así, ¿por qué no querríamos darnos a Dios? ¿Y luego llevar nuestras almas tocadas por Dios hasta los palacios del César y por las sucias calles que los rodean, para que la gente vea lo que significa Cristo?
¿En cuál de los dos reinos debemos vivir?
En ambos.Tú estás invitado a enviarle por correo
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Fr. Juan
Foley, SJ




