En estas semanas, llegaremos al final del año litúrgico actual y sus lecturas del evangelio según Mateo. Las parábolas de Jesús que se presentan en las eucaristías de estos domingos retan totalmente al ministerio cristiano.
Las lecturas de esta semana se inician con una selección hermosa del Libro de Sabiduría. La sabiduría se alaba como el regalo de Dios a la humanidad, llegando del centro de la relación que se llama Dios, no como algo cerebral, sino como lo sensible y sensual. Esta gracia concierne nuestras relaciones internas y externas. ¿Cómo percibimos, tocamos y mantenemos nuestro mundo interno y externo? La lectura nos dice que, si buscamos la sabiduría, la encontraremos en lo abierto de las plazas públicas y en lo más escondido del corazón humano.
En las lecturas de los domingos, la segunda lectura no necesariamente se relaciona con la primera y tercera. Sin embargo, la segunda a veces subraya algo importante en ellas. Hoy, San Pablo nos asegura de la salvación de los que ya fallecieron. Ellos también se unirán con nosotros al llegar Cristo con la Parusía. Pablo aprovecha la solidaridad de la resurrección para compensar la certeza de la muerte. Todos estaremos ante el Señor Jesús, juzgados sólo por las normas claras de su humanidad. Lo demás depende de nuestra respuesta a la invitación de Jesús en la parábola de hoy. Puede ser que así se relacione la segunda lectura con la tercera. En la humanidad que compartimos con Jesús, ¿estamos dispuestos a traer luz a la fiesta de Dios?
La tercera lectura presenta la primera de las tres últimas parábolas en el evangelio según Mateo. Esta parábola reta al ministerio de la Iglesia primitiva (80+ E.C.). Ella narra la historia de diez vírgenes reunidas para una boda. Las muchachas proveerán luz en la noche oscura. Nada de bombillas, discoteca ni ComEd. Sólo habrá diez niñas con sus lámparas de aceite.
Esta parábola con las dos otras de las próximas semanas explica la vocación cristiana. Somos los servidores del mundo que vive esperando y reclamando la manifestación amorosa de su Dios. Estas parábolas nos retan de tres maneras: a traer luz al reino inclusivo de Dios, a utilizar la vida para su revelación y a reconocer a Dios en la cara del prójimo.
La parábola de hoy cuenta la historia de diez vírgenes en esperas de un novio y de su fiesta de bodas. Los rabinos aprovechan siempre ciertas imágenes nupciales, presentando así la relación íntima entre Dios y su pueblo. En esta parábola de Jesús no estamos seguros si una novia viene ya escogida o si una de las diez será la supuestamente dichosa. Como lectores estamos frente a una imagen que es alegoría como también parábola. El cuento nos habla de los peligros que acompañan la apatía; todas las jóvenes se duermen, indiferentes a la oscuridad y a su oportunidad de regalar luz.
Mateo nos habla de la insensibilidad de los cristianos de su día cuando Cristo no llega en seguida para traerles el reino. Nuestro intento de vivir el reino de Dios por adelantado también causa dolor. No es fácil para nosotros buscar justicia en lugar de leyes, amor en lugar de sospechas, compasión en lugar de aburrimiento. Sin embargo, la historia es más que alegoría; es una parábola también, una literatura chocante y exigente, identificada totalmente con Jesús de Nazaret. Al escuchar su mensaje, reconocemos la necesidad de escoger entre las alternativas ofrecidas, una que es gracia y otra que muy bien puede ser desgracia.
Esta parábola nos dice que, para entrar al reino, hace falta más que simplemente estar o tener lámpara. Debemos también estar despiertos, animados y preparados a obsequiar luz.
¿Y nuestro ministerio en el mundo? ¿Sabemos que Dios siempre nos sorprende con su revelación? ¿Estamos despiertos para recibir la invitación? ¿Nos hemos esforzado para adquerir las habilidades esenciales para servir en este octavo día de la Creación? ¿Queremos traer luz a la liberación del prójimo?
¿Cómo contestaremos estas preguntas?


