Con Dios de la mano, planifiquemos; eso es ser prudentes. Luego, seamos flexibles y confiemos; eso es sabiduría.
Hace años atrás, me tocó ir a un viaje de un mes, fuera del país y en mi maleta grande, empaque mucha ropa. Yo no sabía las condiciones del lugar al que iba. No sabía si iba a poder lavar ropa allá. Así que me preparé.
Cuando llegué, conocí a una persona, quien llegó, con una maleta pequeña. Ella quería viajar liviana y ser más móvil, así que trajo poca ropa. Las dos intentábamos ser prácticas en nuestro viaje, con dos metodologías o puntos de partida, diferentes.
¿Quién estaba bien y quién estaba mal? Realmente, ninguna.
A las dos nos funcionó bien nuestras estrategias. Mientras ella encontró donde lavar ropa. Yo estaba despreocupada de la frecuencia con la cual yo tenía que ir a lavar la mía.
El evangelio nos habla de la parábola de las diez jóvenes. A las jóvenes con las lámparas de aceite, las dividen entre cinco previsoras y cinco descuidadas.
Las cinco jóvenes descuidadas, han sido juzgadas duramente en la parábola, porque ellas sí tenían consigo justo lo que necesitaban en condiciones normales. Ellas tenían suficiente aceite en sus lámparas, si todo salía según como originalmente se había planificado. Más las cosas no salieron como ellas esperaban y es por esto que ellas se metieron en problemas.
Las cinco jóvenes previsoras, no necesariamente estaban confiadas en que las cosas iban a salir tal y como estaban planificadas. En sus mentes ellas corrieron varios escenarios y se prepararon para ellos. Por eso es que pudieron responder al cambio de planes. Hoy en día quizás le hubiéramos llamado exageradas. Pero a veces ser un poquito exagerado, paga.
En esta historia, Dios nos invita a estar preparados para todo. Planificamos y muchas veces las cosas salen bien, pero muchas otras veces las cosas salen mal. Esto requiere de nosotros adaptabilidad; flexibilidad. Establecer prioridades y ajustar nuestras expectativas.
Mientras crecemos y envejecemos, muchos de nosotros, tendemos a volvernos un poco más testarudos e inflexibles. Hemos ya formado nuestras opiniones y nuestra metodología de vida y somos un poco más resistentes al cambio. Resistimos nuevas ideas, soluciones o puntos de partida. Y al hacer esto, nos descuidamos.
Somos descuidados cuando somos inflexibles, cuando vemos un solo escenario. Somos previsores cuando aceptamos que existen varias posibilidades en la vida y que tenemos que estar abiertos a enfrentar los problemas con soluciones diferentes a las que antes contemplabamos. Con puntos de partida diferentes al que habíamos contemplado. Que nuestra búsqueda constante y nuestra sed de Dios nos vuelve moldeables; flexibles a Dios. Y nos hace disponibles a como y donde Dios quiera movernos en nuestras vidas. Planificar para el futuro, sí, pero saber que tenemos que estar conformes con lo logrado aquí y ahora. Reconocer que no lo terminaremos todo, y que, si nos toca partir de este mundo, poder estar conformes de que hemos logrado lo importante, conectar con Dios.
Conectados constantemente con Dios, mostrándole nuestra sed por Él, es el camino a la verdadera sabiduría. Mostramos nuestra prudencia, considerando nuestra relación con Dios en cada momento de nuestras vidas, en cada reto o cada circunstancia. Como dice el libro de Sabiduría, “darle la primicia en los pensamientos es prudencia consumada”. Y sí, esto puede quitarnos par de horas de sueño, aquí o allá.
Pero luego se nos pide, no importa la decisión que hayamos tomado, ser “libre de preocupaciones”. Porque las situaciones que nos preocupan y cómo queremos prepararnos para enfrentarlas, las decidimos dentro de nuestra relación con Dios y, por lo tanto, debemos estar confiados de que contamos con la ayuda de Dios. Debemos recordar que Dios colabora con nosotros en todos nuestros proyectos, cuando le incluimos.
Con Dios de la mano, planifiquemos; eso es ser prudentes. Luego, seamos flexibles y confiemos; eso es sabiduría.
Dios me los Bendiga y Seamos Santos.


