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Mi nombre es Yo-soy, fuera de mi no hay nada.

Las lecturas de este fin de semana tienen que ver con dos caras de la misma moneda.  

Por un lado, en la primera lectura, tenemos a un Dios que se presenta. Que revela su identidad y nos dice algo de su naturaleza; de su esencia. Además, nos muestra lo que él tiene para nosotros, lo que tiene para ofrecer.

Por otro lado, en el Evangelio, se nos muestra la otra cara de la moneda. Tenemos a un Dios que revela lo que desea de nosotros, lo que nos pide. Lo que requiere de su criatura, de su creación.

Si nos alejamos de todo lo que nos da vida, no daremos fruto.

En esta hermosa relación entre Dios y criatura, la primera lectura narra cuando Moisés tiene su encuentro con Dios. Pastoreando sus ovejas, llega hasta al monte Horeb y sus ojos ven algo que él no puede explicar; que le asombra y le llama la atención. Era un arbusto, una zarza ardiendo, como dice en la lectura.  Este no era cualquier matorral, había algo especial pasando allí. Y es que esa zarza, ese arbusto, estaba ardiendo, pero no se estaba consumiendo. Todavía tenía intactos sus tallos y sus hojas verdes. 

¿Que nos dice esto de Dios a nosotros? ¡Que Dios vino a crear! Que Dios participa de este mundo, más Dios no compite con su creación. No actúa en contra de su propia creación.

Otra cosa que nos dice esa zarza es que Dios permanece. Y su llama, su fuerza, su poder no tienen fin. Normalmente si viéramos una zarza: un arbusto ardiendo, veríamos consumo de materia y sabríamos que ese fuego se va a extinguir en algún momento; se va a acabar. Quedarán humo y cenizas al final ¿no?

Pero este fuego que vio Moisés era diferente. Ese arbusto no se iba a consumir. Esto nos dice algo maravilloso de lo que Dios tiene para nosotros. Él nos ofrece una vida que no se extingue. Que arde o que tiene vida, pero que no se extingue, que no se acaba, que no se consume.

Otra cosa hermosa que tiene la primera lectura es el aspecto del nombre de Dios.   Moisés le pide a Dios su nombre. Le dice, “Está bien. Me presentaré a los hijos de Israel y les diré: ‘El Dios de sus padres me envía a ustedes’; pero cuando me pregunten cuál es su nombre, ¿qué les voy a responder?”

Y a esta pregunta, “Dios le contestó a Moisés: “Mi nombre es Yo-soy”; y añadió: “Esto les dirás a los israelitas: ‘Yo-soy me envía a ustedes’.”

Que significa, existo, Yo-soy existencia, Yo-soy creación y eternidad. Todo lo que existe, es por mí. Dios no está diciendo que él es y que, sin él, nada es.  Que quiere decir que fuera de Dios, nada es. Maravilloso es lo que nos está diciendo: Yo soy la existencia, yo soy la vida, fuera de mí, no hay nada que viva. Y con este mensaje tuvo que ir Moisés a su pueblo.  

Vamos al Evangelio. Jesús está hablando de una higuera que no está dando higos. En Lucas lo tienen como parábola.

¿Si esta higuera no está dando fruto, que se hace con ella? ¡córtala! Pero el viñador le dice, vamos a darle una oportunidad, vamos a darle tiempo, a cuidarla, a aflojar la tierra dura y echarle abono y si no da fruto en un año, se corta.

¿Qué significa esto? ¿Si esta es muy la historia que refleja lo que Dios pide de nosotros, entonces que Dios pide? Simple, Dios quiere que demos fruto y que no dejemos de cuidar, alimentar y amar.

Si nos alejamos de todo lo que nos da vida, no daremos fruto. Y no hará falta que nos corten. Porque nos vamos a secar solitos. Nos vamos a quedar sin vida. La muerte está fuera de la definición de Dios, porque Dios es vida. El que inflama, pero no consume, el Yo-soy. Somos nosotros quienes efectivamente nos alejamos de él.

¿Qué es lo que nos hace dar fruto? ¿Qué es lo que nos da vida? Simple. La conexión con el que da vida. La conexión con Dios. Fuera de Dios, no existe nada. Fuera de Dios, no hay vida. Conectado a él es que nosotros tenemos vida. Y no solamente tenemos vida y existimos, sino que podemos dar fruto.  Y fuera de él, lo único que nos espera es vacío, resequedad, consumo y muerte.

Tenemos que decidir si creemos en el Yo-soy. ¿Seremos una higuera que da fruto, o seremos una higuera estéril, que muere, que hay que cortar?  Ojo, no la cortan por qué deja de dar fruto, la cortan porque ya murió. Esta es la decisión más grande de nuestra existencia: nosotros decidimos si queremos cortarnos de nuestra fuente de vida.  Nosotros mismos tomamos esa decisión.  Entonces, estamos invitados en esta cuaresma, en este retiro espiritual como Iglesia, más que en cualquier otra época, a arraigarnos, mucho más fuerte, a ese Yo-soy. A nuestra única fuente de vida. A nuestro Dios.

Dios me los bendiga a todos y seamos Santos.