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“La misericordia y el amor de Dios son muy grandes”

Partamos de la siguiente presunción:

Todos deseamos y hacemos todo lo posible por ser buenos y por crear un impacto positivo en este mundo.

Si el ser humano se cierra la gracia de Dios, queda vulnerable a las fuerzas destructivas, a la fuerza del pecado y a la oscuridad.

Si pudiéramos tener una visión real de las verdaderas consecuencias y ramificaciones de nuestras palabras, acciones, decisiones y elecciones, jamás podríamos sentirnos satisfechos con nosotros mismos. No podríamos reclamar superioridad moral. Jamás podríamos ser soberbios u orgullosos.

La realidad nos mostraría, que ninguno de nosotros puede librarse completamente de la oscuridad, de la mentira y del pecado.

Les muestro el siguiente ejemplo:

Una mujer vio un documental sobre el consumo de animales y la contaminación ambiental y decidió volverse vegana. Y se convirtió en una activista del movimiento vegano. Pensaba que era lo moralmente correcto.

Y compró un terreno para plantar su propia comida, reducir su huella de carbono y reducir la contaminación del planeta.

Preparó el terreno y tuvo que talar la maleza y algunos árboles que existían allí.  Poco tiempo después, notó que ya no se escuchaba el sonido de las aves como antes.

Comenzó a plantar, y debido al significativo aumento de consumo de agua, los animalitos salvajes del área empezaron a emigrar y a desaparecer por la escasez de agua.

Tuvo que invertir en gusanos de tierra para irrigar, airear y abonar el terreno. Sus plantas necesitaban el terreno suelto y la materia orgánica para crecer.

A esto, ella frustrada concluyó: “yo soy vegana pero mis plantas son carnívoras”.

Comenzó este proyecto pensando que estaría encaminada a algo que le haría sentirse bien consigo misma y moralmente superior, pero terminó frustrada. Vio lo imposible que es evitar hacer daño, aun queriendo hacer lo correcto. No encontró la manera de mantener la conciencia limpia.

Así es el pecado, aun con nuestras mejores intenciones de ser buenos; con el deseo de seguir la luz, no podemos deshacernos completamente de él.

¡Tratamos de ser buenos y fallamos tantas veces!

Tarde o temprano, nos pasa. Nos sentimos atrapados en un ciclo repetitivo de pecado. Atrapados en la lucha entre la luz y la oscuridad.

Pablo estaba consolando y animando a la comunidad cristiana de Éfeso precisamente por esto. Porque, a menudo se desanimaron y se frustraron por sus propias faltas.

  “La misericordia y el amor de Dios son muy grandes”

No podemos luchar contra la oscuridad sin Dios. Si nos frustramos, es cuando se nos olvida que dependemos de Dios y su gracia.

El rescate nos llega a través de Jesús. Ya que solos no podemos salir del ciclo del pecado, por más que lo intentemos con todas nuestras fuerzas.

Pablo nos ayuda a evitar el engaño de la falsa autosuficiencia, cuando nos dice que no podemos presumir de nuestras obras y no nos salvamos nosotros mismos.

  “En efecto, ustedes han sido salvados por la gracia, mediante la fe; y esto no se debe a ustedes mismos, sino que es un don de Dios. Tampoco se debe a las obras, para que nadie pueda presumir, porque somos hechura de Dios, creados por medio de Cristo Jesús, para hacer el bien que Dios ha dispuesto que hagamos.”

Volvemos a Jesús. “El camino, la verdad y la vida” Por mas buenos que tratemos de ser, sin Cristo, este camino a la salvación es imposible para nosotros. Es por esto, que la muestra más grande del amor de Dios es Jesús. Pablo nos dice:

  “Dios muestra, por medio de Jesús, la incomparable riqueza de su gracia y de su bondad para con nosotros.”

Jesús le confirma esto a Nicodemo cuando le dice: “Porque tanto amó Dios al mundo, que le entregó a su Hijo único, para que todo el que crea en él no perezca, sino que tenga vida eterna.”

La lectura de Crónicas nos muestra que cortarnos de la gracia de dios comienza con pequeñas infidelidades. Hasta que llegan al punto de resentir y hasta burlarse de los mensajes de Dios e ignorar sus advertencias. En este punto, parece no haber remedio. Es un indicio de haberse cerrado a la gracia de Dios.  Como dice Jesús en el evangelio: “Todo aquel que hace el mal, aborrece la luz y no se acerca a ella, para que sus obras no se descubran.” 

Si el ser humano se cierra la gracia de Dios, queda vulnerable a las fuerzas destructivas, a la fuerza del pecado y a la oscuridad.  Jesús nos dice: “La causa de la condenación es ésta: habiendo venido la luz al mundo, los hombres prefirieron las tinieblas a la luz, porque sus obras eran malas.”

Mas, si nos quedamos sin la protección de la gracia divina, no es porque Dios nos haya abandonado, sino porque hemos rechazado la gracia de Dios; el don de Dios.

Tenemos una naturaleza rebelde. Y la tendencia es resistir la gracia y el amor de Dios. Pero Dios no se da por vencido, sino que vuelve una y otra vez a invitarnos a vivir en su gracia, en su amor, en su amistad.

En el cuarto domingo de cuaresma, reconocemos que estamos indefensos y vulnerables ante el pecado. Mas nos regocijamos en la solución; la promesa de salvación en la persona de Jesús.

Nuestra enfermedad tiene cura. Nos alegra y nos consuela saber que Dios sabe que necesitamos su ayuda y nos la ofrece. Que Dios, quien nos conoce íntimamente, sabe que vamos a fallar y por amor, está dispuesto a rescatarnos una y otra vez.  Y si grande es la amenaza del pecado, de la oscuridad y la muerte, más grande es Dios.

Y mientras nosotros tratamos, con todas nuestras fuerzas, obrar bien y caminar en la verdad, lo hacemos con una nueva certeza. Saber y regocijarnos de que:

  “La misericordia y el amor de Dios son muy grandes”

Dios me los Bendiga y Seamos Santos.



Arte de Martin Erspamer, OSB
de Religious Clip Art for the Liturgical Year (A, B, and C)
["Clip Art" religioso para el año litúrgico (A, B y C)]. Usado con permiso de Liturgy Training Publications. Este arte puede ser reproducido sólo por las parroquias que compren la colección en libro o en forma de CD-ROM. Para más información puede ir a: http://www.ltp.org