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Recordar la Verdad

Nos fascina la nostalgia. Las emisorias emiten a todo volumen los viejos éxitos, la televisión repite sin cesar los programas de Jack Benny, “Leave it to Beaver,” “I Love Lucy,” “M*A*S*H,” y un sinfín de otros. 

Es algo muy propio de los seres humanos recordar el espíritu del pasado. En parte, lo hacemos para mejor entender cómo hemos llegado a ser quienes somos. No todo es propaganda mediática, destinada a vender productos, aunque hay de eso también.  Propaganda, propaganda, propaganda. Aun así, muchos de los frutos de nuestra nostalgia son buenos, y siguen siendo de valor. Impulsados por Dios, recordamos lo que significa ser Cristiano.

Especialmente durante el tiempo de Pascua, nos sentamos alrededor de la fogata de nuestros recuerdos y contamos cuentos. Piensa en Felipe, que le dijo a Jesús, “Señor, muéstranos al Padre y nos basta.” Desde luego, Felipe en ese momento veía a Jesús, y por lo tanto al Padre, pero lo ignoraba.

Alguien se acerca un poco más a la fogata y dice, “¿Se acuerdan de las palabras que Jesús pronunció justo antes de su pasión y muerte?  Que enviaría el Espíritu de la Verdad a nuestros corazones. Y que no nos dejaría desamparados. Era muy difícil entenderlo entonces, y todavía nos cuesta bastante.”

Alguien balbucea, “R-R-Repasémoslo una vez más.”

¿Tocas y recibes sobre tu lengua a Jesús en la Misa hoy?
Un valiente intenta resumirlo. “Primero, Jesús decía, “Dios, el Abba, está dentro de mí, de modo que cada vez que me ven a mí, ven a Dios.”  Segundo, dijo, “Voy a tener esa misma relación con ustedes. Estaré tan profundamente dentro de ustedes--sí, la gente común--que cuando alguien los vea, será como verme a mí.”

  “Y, por supuesto, ya que el Padre habita en mí, ellos conocerán también al Padre.”

Felipe tragó saliva.  “Casi entiendo. Tal vez. O a lo mejor no. Inténtalo otra vez, por favor.”

  “Bien,” dice Jesús. “Voy a regresar al Padre, al que me envió.  El mundo ya no me verá.  Pero eso no significa que me aleje de ustedes.  El Abba y yo habitaremos en ustedes en lo más profundo de su ser. Ustedes se unirán al Espíritu que comparto con el Padre. Dicho en otras palabras:

  “El que me vea a mí
ve al Padre.”

  “El que los vea a ustedes
me ve a mí.”

Felipe por fin vio la luz del día. Vio la verdad. Míralo en la Primera Lectura. Abandona la fogata de los recuerdos y empieza a correr por todas partes haciendo milagros y predicando sobre el Mesías.

El gentío escuchaba con aprobación lo que decía Felipe, porque habían oído hablar de los signos que hacía y los estaban viendo:  de muchos poseídos salían los espíritus inmundos lanzando gritos, y muchos paralíticos y lisiados se curaban. La ciudad se llenó de alegría.

¿Tú también logras ver la luz del día, por lo menos algunas veces?  ¿Respondes con un “sí” a la presencia de Cristo en ti? ¿Tocas y recibes sobre tu lengua a Jesús en la Misa hoy?¿Te dejas unir a Cristo hoy? ¿Dices que “sí,” o muchas veces que “no”?

Si es que respondes negativamente, vuelve a leer las Lecturas para este domingo.

¿Fácil? No.

Pues, tal vez sea fácil. Sólo tienes que recibir y amar.

John Foley, SJ

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Fr. John Foley, SJ

Arte de Martin Erspamer, OSB
de Religious Clip Art for the Liturgical Year (A, B, and C)
["Clip Art" religioso para el año litúrgico (A, B y C)].
Usado con permiso de Liturgy Training Publications. Este arte puede ser reproducido sólo por las parroquias que compren la colección en libro o en forma de CD-ROM. Para más información puede ir a: http://www.ltp.org