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La Palabra que nos compromete
6º Domingo de Tiempo Ordinario
12 de Febrero de 2017
John Kavanaugh, SJ


La revolución que Jesús anunció
“No es una sabiduría de este siglo.”

La sabiduría del Eclesiástico nos presenta una opción radical.  Es elegir entre la vida y la muerte, y se nos dará nuestra  opción previamente ya elegida.  Dios, fuerte y poderoso y con visión penetrante, conoce bien nuestro corazón y nuestra mente.  Nuestros deseos y nuestros pensamientos, sin embargo, nos desvían de la voluntad de Dios. 

Cuando San Pablo escribe a los corintios, sabe muy bien que la finura de ellos no se compara con “las profundidades de Dios.”  Les ruega, mas bien, que busquen la sabiduría entre los que han alcanzado madurez.  Pero, no es ciertamente la sabiduría de este siglo, “ni de los príncipes de este siglo.”  Tal llamada sabiduría sólo puede terminar en la ruina.  Para San Pablo, la revelación de Jesús representa una visión que ningún ser humano ha visto, una voz que ningún ser humano jamás ha oído.  Está más allá de nuestra imaginación, “ni ha venido a la mente humana lo que Dios ha preparado para los que le aman.”

Ciertamente, es difícil imaginar que una prudencia o una sabiduría meramente humana pudiera crear las proposiciones radicales del Sermón de la montaña.  Aunque Jesús no quiere acabar con la ley antigua, promete cumplir con la ley o realizarla de una manera nueva.  Y es nueva, va totalmente en contra de los dirigentes seglares y religiosos de su tiempo.  “Porque les digo que, si su justicia no supera a la de los escribas y fariseos, no entrarán en el reino de los cielos.”

En los diez mandamientos ya se prohibía  matar, pero Jesús llega a la esencia de la intención de matar.  Es la ira que no se expresa, el lenguaje violento, el desprecio escondido por otra persona.  Es la falta de voluntad para perdonar.  “Si vas a presentar una ofrenda ante el altar y allí te acuerdas de que tu hermano tiene algo contra ti, deja allí tu ofrenda ante el altar, ve primero a reconciliarte con tu hermano y luego vuelve a presentar tu ofrenda.” 

¿Cómo serían diferentes nuestras Eucaristías si tomáramos en serio las palabras de Jesús?  Tendríamos que resolver los resentimientos que guardamos contra los padres, los hijos, el esposo o la esposa, y los vecinos antes de que nos acercáramos al altar para que no recibiéramos el sacramento sin ser dignos de él.  Tal vez sea por esto que en la santa misa nos damos acertadamente la paz antes de comulgar.  Al mismo tiempo que le pedimos a Dios, “No mires nuestros pecados, sino la fe de tu Iglesia,” nosotros que hemos pecado el uno contra el otro también debemos ver con los ojos de la fe y perdonar.

De mucho tiempo atrás, ha estado  prohibido el adulterio.  Pero Jesús habla de la lujuria que forma la base del adulterio.  (¿Recuerde cómo se ridiculizó a Jimmy Carter por admitir que tuvo sentimientos lujuriosos?  Sólo confesó lo que a todos nosotros nos da vergüenza admitir.) 

Jesús descubre la injusticia (especialmente contra las mujeres) y el adulterio que a menudo acompañan al divorcio.  Sus palabras son duras, pero no son más duras que las que nos dirige a nosotros que no queremos perdonar.

En cuestiones del discipulado, no hay “pero” que valga para Jesús.  “Cuando ustedes digan “sí”, que sea realmente sí; y cuando digan “no”, que sea no. Cualquier otra cosa, proviene del maligno.” 

Leer el Sermón de la Montaña puede ser peligroso, puede cambiarle a uno la manera de pensar.  Nos hará dudar sobre la manera en que pensamos sobre el castigo, el código penal, la justicia y el mismo amor.  Sobretodo impide nuestros intentos de comprometer la fe o de apartar las partes privilegiadas de nuestra vida que protegemos de la ley de Dios.

“Si tu ojo derecho te hace pecar, sácatelo y tíralo… si tu mano derecha te hace pecar, córtatela y arrójala. Más te vale perder una sola parte de tu cuerpo, y no que todo él vaya al infierno.”

¿Qué podemos decir de todo esto?  Las enseñanzas del Señor parecen ser inútiles.  Nuestro pobre corazón queda reducido por sus valores morales.  ¿Quiénes de nosotros no han roto  una promesa, o han guardado resentimientos, o se han comportado de manera lujuriosa, o han jurado vengarse, o han fingido cumplir con los deberes de vivir la fe? 

Así lo dijo el fallecido Anthony DeMello, S. J. en una de las primeras charlas que dio en un retiro.  Todos nosotros tenemos momentos cuando no cumplimos.  Y, por eso, no debemos juzgar a los demás.  Todos estamos llamados a la santidad, y por eso, no debemos escusarnos.

El Sermón de la montaña no existe para  abatirnos en remordimientos inútiles y desesperados.  No, nos invita a una santidad suprema de la cual no hemos ni visto ni oído antes.  Es una excavación de los amores más profundos, para que al ver lo que más amamos, recibamos por fin lo que más deseamos.  Pero es un viaje desgarrador llegar hasta las profundidades de nuestra motivación.

Viajar por los evangelios no es un paso fácil.  Es un viaje peligroso, que baja drásticamente y gira precipitadamente.  Cualquier persona que hable, escriba o predique el evangelio de una manera que nos deja sin retos o aburridos simplemente no se ha preparado.  Cualquier joven que salga de la iglesia sin haber visto el radicalismo de la Misa y la importancia revolucionaria del evangelio estaría dormido o escucharía a un ministro de la eucaristía dormido.

Puede que pensemos que nuestra fe sólo es otro “amén” a la sabiduría de nuestro siglo.  Bueno, si así opinamos, simplemente no entendemos de qué se trata nuestra fe.

John Kavanaugh, SJ
Traducción de Kathleen Bueno, Ph.D.
El Padre Kavanaugh fue profesor de Filosofía en la Universidad de San Luis, Missouri. Su prematura muerte ha sido muy dolorosa para todos aquellos que le tratamos en su vida.
Arte de Martin Erspamer, OSB
de Religious Clip Art for the Liturgical Year (A, B, and C)
["Clip Art" religioso para el año litúrgico (A, B y C)].
Usado con permiso de Liturgy Training Publications. Este arte puede ser reproducido sólo por las parroquias que compren la colección en libro o en forma de CD-ROM. Para más información puede ir a: http://www.ltp.org