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El Tocar

La historia del encuentro entre Jesús y el leproso en Marcos es la segunda escena de un tríptico de curaciones la que revela el impacto completo del Reino de Dios proclamado por Jesús. La primera pieza muestra la sanación del poseído, de uno tan enloquecido que no tiene personalidad para sus propósitos y posibilidades. La tercera pieza celebra la movilización de uno anteriormente paralizado. La fragmentación personal recalcada en la primera pieza, como también la falta de movimiento en la tercera, son comunes en todo pueblo; de veras, ciertos elementos en la sociedad intenan promover su existencia.

¿Podemos hacer lo que Jesús hace, animando a los que encuentran poco sentido, la inmovilidad o la alienación en sus vidas y relaciones?

Sin embargo, la segunda pieza, la historia del medio, la del leproso, pone a consideración otro factor esencial sobre el Reino de Dios; nos dice lo que pasa cuando Dios se acerca al marginado y excluido, sea en la época de Jesús o en la nuestra. Jesús sana al leproso por tocarlo, algo expresamente prohibido por la ley levítica de la primera lectura de hoy. A pesar de la ley, Jesús lo toca y lo devuelve a la sociedad que lo había rechazado y apartado. 

Lo que impresiona no es tanto la sanación efectuada, sino la actitud y manera de Jesús. La palabra griega, aptw, la que indica lo que Jesús hizo, significa algo entre tocar y agarrar, actualmente dándonos el sentido de abrazar. Jesús tocó al leproso de manera muy significativa, cambiando para siempre las normas consideradas correctas y normales en toda relación humana. 

Jesús nos llama a ser el pueblo del abrazo que sana, no sólo en el sentido de ponerle vendas a quien echa sangre, sino por otro sentido más profundo, injertando al herido y sus circunstancias en una historia que habla y una cultura que nutre, acompañando y apoyando a los lesionados sin temor. 

Esto es lo que Jesús da al leproso. Como él regala el don de comunicación y presencia al poseído quebrado y la animación para un paralizado inmovil, así también Jesús se porta con el leproso, entrgándolo de nuevo a la sociedad y a la relación humana. Una vez más, pertenecerá a la comunidad; estará con sus hermanos y ellos estarán con él. 

La otra consideración importante de esta parábola ministerial se halla en lo que pasa después a Jesús. El leproso vuelve al pueblo; Jesús tendrá que andar por las afueras. Al haberle tocado al leproso, él es impuro y representa un peligro para la comunidad general la que más se interesa por las purificaciones legales que por la esplendorosa llegada del Reino de Dios.

Dios reina, salva y sana en Jesucristo, no por las leyes que absuelven y los ritos que lavan, sino por el acompañamiento en que Dios se identifica con nuestra tenue y tierna condición humana. “Aquí mi madre, mis hermanas y mis hermanos ... ”.

Cada uno de nosotros puede vivir afligido por circunstancias que nos fragmentan o nos dejan sin movimiento, pero lo más terrible pasa cuando nos encontramos jalados por otros al margen de la vida, sin las fuerzas que nos sostienen ni las personas solidarias que nos comprenden. Sin duda alguna, como discípulos de Jesús, se esperan la comprensión y el apoyo mutuos en medio de las circunstancias traumáticas. 

Según Marcos, todo discípulo fiel sigue a Jesús por medio del Bautismo hasta el desenlace de la cruz. ¿Podemos hacer lo que Jesús hace, animando a los que encuentran poco sentido, la inmovilidad o la alienación en sus vidas y relaciones? ¿Qué de los que sufren del SIDA, cuyas vidas se hallan frágiles y esperanzas sin posibilidad realizadora? ¿Y los niños que necesitan de adultos que los consideran verdaderamente importantes, que tranquilizan sus temores o aceptan sus sueños? ¿Ojalá se considere con otros ojos la abuela que no sabe si sus últimas nauseas están provocadas por un cambio de medicamentos o el aumento serio de sus problemas cardíacos? ¿Y qué de la madre joven que acaba de escuchar como su prognosis la amenaza incurable de la esclerosis multiple muscular?

Jesús se quedó fuera del pueblo a la vez que el leproso bailaba entre las columnas de sus portones. ¿Estamos dispuestos como Jesús a vivir menos para que otros vivan más?

Donaldo Headley

Donaldo Headley se ordenó al sacerdocio en 1958. Se graduó con MA en filosofía y STL en teología de la Facultad Pontificia del Seminario de Santa María del Lago en Mundelein, Illinois.


Arte de Martin Erspamer, OSB
de Religious Clip Art for the Liturgical Year (A, B, and C)
["Clip Art" religioso para el año litúrgico (A, B y C)]. Usado con permiso de Liturgy Training Publications. Este arte puede ser reproducido sólo por las parroquias que compren la colección en libro o en forma de CD-ROM. Para más información puede ir a: http://www.ltp.org