¿Siguen el mismo ritmo la vida espiritual y el año litúrgico?
Sí. ¿Pero cómo?
En esta reflexión, no es mi intención dejar a un lado los elementos más esenciales de la liturgia:
el rito
el símbolo
el sacramento
la comunidad
la comunión
la verdadera presencia
el cuerpo de Cristo
Por medio de todos estos elementos llegamos a “verlo más claramente, amarlo con más fervor, y seguirlo mejor.” (Richard of Chichester)
Voy a hacer un comentario general sobre las lecturas dominicales y luego enfocarme en las lecturas para este domingo.
Las lecturas este año provienen del Evangelio de san Marcos (así como durante el año pasado venían de san Mateo). San Marcos es muy directo y usa menos palabras. Nos ayuda siempre a entender el contexto del relato, a escuchar con nuestras imaginaciones, y a permitir que la vida de Jesús forme parte de la nuestra. Esto lo hace a través de muchos detalles específicos. Por ejemplo, la semana pasada Jesús no sólo curó a la suegra de Simón, sino que “la cogió de la mano y la levantó.” Asimismo, cuando calla la tempestad, no está simplemente dentro de la barca sino, según san Marcos, “Jesús dormía en la popa sobre un cojín.”
La imaginación nos puede ayudar mucho si tú y yo tomamos un poco de tiempo antes de llegar a la Misa (tal vez por medio de este sitio web) para comprender y orar sobre las lecturas.
Ahora bien, ¿y el Evangelio de san Marcos para este domingo? Se acerca a Jesús un leproso, su piel inflamada con erupciones y manchas. De acuerdo con la norma que se encuentra en la Primera Lectura, este hombre “vivirá solo y tendrá su morada fuera del campamento.” Mientras le dure la lepra, se hará notar y andará gritando “¡Impuro, impuro!” En acercarse así a Jesús, el hombre hace algo que está muy mal visto y quizás incumple la ley también.
Ante todo esto, Jesús no muestra ninguna señal de repugnancia o rechazo. Al contrario, siente lástima. “Lástima,” una palabra que nos dice tanto.
Luego el leproso afirma algo maravilloso: “Si quieres, puedes limpiarme.” ¿Pero cómo es eso? Por supuesto que nuestro salvador quiere. Sin embargo, estas palabras suponen una fe por parte del leproso. ¿De dónde ha sacado él su fe en Jesús? A lo mejor, su vida espiritual ya había empezado.
La hermosa respuesta de Jesús: “Quiero.”
Directo, sincero, tan propio de Dios. La vida entera de Jesús consiste en su deseo de ser generoso con las personas atormentadas, marginadas, que creen en él—aunque tengan heridas muy graves y sólo un poco de fe para recibir lo que les da.
Haciendo un gesto extraordinario, Jesús extiende la mano y toca al hombre. En aquellos tiempos, la lepra se consideraba contagiosa, y como mínimo repugnante. Pero Jesús lo tocó con mucha ternura y dijo, “Queda limpio.” Nuestra vida espiritual consiste en quedar limpios, a pesar de la gravedad de nuestros errores. Tenemos que dejarnos tocar por Jesús, especialmente en nuestras almas.
Así que, en el primer capítulo del Evangelio de san Marcos, encontramos a Jesús, que extiende su compasión hacia el leproso y hacia cada uno de nosotros. La espiritualidad y el Evangelio coinciden en eso.
Busquemos más ejemplos a medida que oímos el Evangelio de san Marcos.Tú estás invitado a enviarle por correo
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Fr. Juan
Foley, SJ




