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Al Evangelio de la Misa de Gallo, Lucas 2, 1-14:
Ambrosio.
San Lucas explicó brevemente tanto de qué modo como en
qué tiempo y en qué lugar nació Cristo según la carne,
cuando dijo: “y ocurrió, cuando estaban allí, que se le
cumplió el tiempo de dar a luz”. Y el modo fue que
siendo esposa concibió, pero siendo virgen dio a luz.
Gregorió Niceno.
Aunque tiene la apariencia de hombre, no se sujeta en
todo a las leyes de la humana naturaleza. Porque, el
que nazca de mujer tiene la fragancia de la humildad,
pero el que la virginidad se haya puesto al servicio del
dar a luz muestra que Él trascendía al hombre. La preñez
de Éste, entonces, fue gozosa, el origen inmaculado, el
parto fácil y el nacimiento sin la menor corrupción: no
se inició con lujuria ni llegó a la luz con dolor.
Porque como aquella que por la culpa introdujo la muerte
en nuestra naturaleza fue condenada a parir con dolores,
convenía que la que daba a luz la Vida completara el
parto con gozo. Y por la virginal incorrupción pasó Él a
la vida de los mortales, en ese tiempo en que comienzan
a disminuir las tinieblas y la inmensidad de la noche se
ve forzada a desvanecerse a causa de la exuberancia de
la luz. Pues la muerte del pecado había alcanzado el
extremo de la depravación, pero de allí en adelante
tiende a desvanecerse por la presencia de la verdadera
luz, que iluminó todo el orbe con los rayos
evangélicos. Beda.
En ese tiempo también se dignó encarnarse, en el que,
apenas nacido, sería contado en el censo del César y
sometido a servidumbre por nuestra liberación. Por eso
el Señor nace en Belén no sólo para dejar constancia de
la descendencia real, sino también por el misterio del
nombre.
Gregorio Homilías sobre los Evangelios.
De hecho, “Bethlehem” significa casa del pan: y porque
Él es quien dijo: “Yo soy el Pan vivo que he bajado del
cielo”. Entonces, el lugar en el que nace el Señor se
solía llamar casa del pan, porque había de ocurrir que
apareciera allí en la naturaleza de la carne Aquél que
restauraría las mentes de los elegidos con interna
saciedad.
Beda.
Pero hasta la consumación de los tiempos el Señor no
cesa de ser concebido en Nazaret ni de nacer en Belén,
cuando cualquiera de los oyentes, recibida la harina de
la palabra, construye en sí una casa para el eterno Pan;
cada día en el útero virginal, es decir, en el alma de
los que creen, es concebido por la Fe, dado a luz por el
Bautismo. Sigue: “y dio a luz a su Hijo primogénito”. Jerónimo contra Helvidio.
A partir de este texto, Helvidio intenta sostener que
no habría podido decirse “primogénito” si Él no hubiera
tenido hermanos, puesto que se llama “unigénito” a aquél
que es el único hijo de sus padres. Pero nosotros
definimos de este modo: todo unigénito es primogénito,
pero no todo primogénito es unigénito. No llamamos
“primogénito” a aquél a quien siguen otros, sino a aquél
antes del cual no hay ninguno. De otra manera, si no
fuera primogénito sino aquél que es seguido de hermanos,
entonces no habría que llevar a los sacerdotes los
primogénitos en tanto no sean procreados los otros
hermanos, no sea que, por no haber un parto posterior,
se trate no de un primogénito, sino de un unigénito.
Beda.
También es Unigénito en la substancia de la divinidad y
primogénito en la asunción de la humanidad. Primogénito
en la gracia, Unigénito en la Naturaleza. Jerónimo.
Allí no hubo ayuda de comadrona alguna ni de criadilla
alguna. La Madre misma envolvió al Niño en pañales, Ella
misma fue la comadrona. Por ello sigue: “lo envolvió en
pañales”. Beda.
El que vistió al mundo de variado adorno fue envuelto
en viles pañales, para que nosotros fuéramos dignos de
recibir la mejor túnica. Aquél por quien fueron hechas
todas las cosas, es atado en sus manos y pies, para que
nuestras manos puedan ponerse a la buena obra y nuestros
pies se encaminen en la vía de la paz.
Greco.
¡Oh admirable estrechez y expatriación la que padece
Quien contiene todo el orbe! Desde el comienzo se hace
de la penuria y en Sí mismo la embellece. Sin duda, si
hubiera querido, podría haber venido conmoviendo el
cielo, sacudiendo la tierra, fulminando rayos, pero no
procedió así. Pues no quería perder, sino salvar y
conculcar la humana soberbia desde sus mismas raíces. Y
por ello no sólo se hizo hombre, sino hombre pobre, y
eligió una madre pobre, que carece aun de algo para
acostar al Niño recién nacido. Pues sigue: “y lo acostó
en un pesebre”.
Beda.
En la angostura de un duro pesebre se encierra a Quien
es el asiento del cielo, para ensancharnos por los gozos
del reino celeste. Quien es el Pan de los ángeles se
acuesta en un pesebre, para nutrirnos con el trigo de su
carne como a santos animales.
Cirilo.
Se encuentra también el hombre hecho bestial en su
alma, y por ello se pone en el pesebre, lugar del
alimento, para que, abandonando la vida bestial, seamos
conducidos a la ciencia adecuada para el hombre,
allegándonos no al heno, sino al Pan celeste, al Cuerpo
de Vida.
Beda.
El que se sienta a la derecha del Padre, no encuentra
lugar en la posada, con el fin de prepararnos muchas
moradas en la casa de su Padre. Por ello sigue: “porque
no había lugar para ellos en la posada”. Nace no en la
casa de sus padres, sino en una posada, en el camino,
porque, por el misterio de la Encarnación, se hizo
Camino por el cual nos conduciría a la Patria donde
gozaremos de la Verdad y de la Vida. Gregorio Homilías sobre los Evangelios.
Y también [nació en el camino] para mostrar que por la
humanidad que había asumido nacía como en un lugar
extraño, “extraño” no porque dicho lugar no estuviera
sujeto a su Poder, sino que es muy ajeno a su
Naturaleza.
Ambrosio.
Por tu bien, entonces, la debilidad se ha tornado
fuerza en Él; por tu bien, la inopia se ha tornado
opulencia en Él. No valores según lo que puede verse,
sino reconoce que has sido redimido. ¡Más debo, ¡Señor
Jesús!, a tus injurias el haber sido redimido que a tus
poderes el que haya sido creado! De nada me aprovecharía
nacer si no hubiera sido favorecido con la redención.
Al Evangelio de la Misa del día de Navidad, Juan 1,
1-18:
Agustín Sobre el Evangelio de Juan.
Porque había dicho “de Dios son nacidos”, como para que
no nos admiremos y temblemos ante tanta gracia, y para
que no nos pareciera increíble que los hombres hayan
nacido de Dios, como para dar seguridad, dice: “y el
Verbo se hizo carne”. ¿Por qué, entonces, te admiras de
que los hombres nazcan de Dios? Mira al mismo Dios
nacido de los hombres.
Crisóstomo.
O de otra manera. Como hubiera dicho que son nacidos de
Dios los que lo recibieron, expuso la causa de este
honor, que es la siguiente, que el Verbo se hizo carne.
Pues el que con propiedad se llama Hijo de Dios se hizo
hijo del hombre, para hacer hijos de Dios a los hijos de
los hombres. Y no te turbes cuando oigas que el Verbo se
ha hecho carne, pues no convirtió en carne su
substancia, pues entender esto sería en verdad impío.
Más bien, aunque siguió siendo lo que era, tomó forma de
siervo. Pues porque hay algunos que dicen que ciertos
fantasmas son todo lo que hay de la Encarnación, para
destruir su blasfemia, introdujo esta distinción, “se
hizo”, queriendo representar no la transmutación de la
substancia, sino la asunción de verdadera carne. Pero si
dijeran: “Dios es omnipotente, ¿por qué no podría
transmutarse en carne? Responderíamos que transmutarse
desde aquella naturaleza inconmutable está totalmente
excluido.
Agustín Acerca de la Trinidad.
Y así como nuestro verbo de algún modo se hace voz
corpórea al asumir esa voz en la que se manifiesta a los
sentidos de los hombres, así el Verbo de Dios se hizo
carne, al asumir esa carne en la que se manifestaría a
los sentidos de los hombres. Y como nuestro verbo se
hace voz, pero no se convierte en voz, así el Verbo de
Dios ciertamente se hizo carne, pero, ¡lejos de Él que
se convirtiera en carne! Asumiéndola, entonces, sin
extinguirse en ella, tanto nuestro verbo se hace voz,
como aquel Verbo se hizo carne.
De las actas del Concilio de Éfeso.
También la palabra que proferimos, de la que hacemos
uso en nuestras mutuas conversaciones, es palabra
incorpórea, no sujeta a figura, no accesible al tacto.
Pero cuando la palabra se viste de letras y elementos,
se hace visible, queda circunscrita por la figura, se
puede tocar. De modo semejante también el Verbo de Dios,
que es naturalmente invisible, se hace visible; y el
que por naturaleza es incorpóreo se halla en un ser que
puede tocarse.
Alcuino.
Como también creemos que el alma incorpórea se une al
cuerpo, para que de esos dos resulte un solo hombre, nos
es más fácil creer que la substancia divina incorpórea
se una a un alma que está en el cuerpo, en la unión de
la persona. De modo que ni el Verbo se convierta en
carne, ni la carne en Verbo, como tampoco el cuerpo en
alma ni el alma en cuerpo.
Teofilacto.
Apolinario de Laodicea sobre esta palabra construyó su
herejía: pues decía que Cristo no tuvo alma racional,
sino solamente carne y que tenía la divinidad por alma,
que dirige y gobierna el cuerpo.
Agustín Contra los Sermones de los Arrianos.
Y si se agitan por esto que se escribió, que el Verbo
se hizo carne, sin que allí se mencione el alma,
entiendan por la parte el todo, que la “carne” se pone
en lugar del hombre, al modo de una locución figurada,
como la siguiente: “a ti vendrá toda carne”; o “que por
la obras de la ley no se justificará carne alguna”, lo
cual se dice de modo más llano en otro lugar: “no se
justificará el hombre por las obras de la ley”. Así,
entonces, se dijo que el Verbo se hizo carne, como si se
dijera: “el Verbo se hizo hombre”.
Teofilacto.
Queriendo mostrar el evangelista el abajamiento
inenarrable de Dios, recuerda la carne, para que
admiremos su misericordia, porque a causa de nuestra
salvación asumió aquello que resulta totalmente remoto y
distante de su naturaleza, es decir, la carne. –Porque
el alma tiene alguna proximidad con Dios. Y si el Verbo
se hubiera encarnado y no hubiera asumido el alma
humana, se seguiría que aún nuestras almas no habrían
sido sanadas, pues lo que no asumió no lo santificó.
¿Cuán irrisorio sería que, aunque el alma haya pecado
antes, [el Verbo] haya santificado la carne asumiéndola,
y haya dejado enfermo eso que es principal [en el
hombre]?
Con esto se subvierte el dicho de Nestorio, que
afirmaba que no el mismo Dios, el Verbo mismo, se hizo
hombre, concebido a partir de la sagrada sangre de la
Virgen, sino que la Virgen había dado a luz un hombre
que estaba dotado de toda especie de virtud, y que el
Verbo se había unido a él. Por esto superponía dos
hijos, uno nacido de la Virgen, es decir, el hombre; y
el otro nacido de Dios, es decir el Hijo de Dios, unido
a aquel hombre según el amor y el hábito de la gracia.
Contra él dijo el Evangelista que el mismo Verbo se hizo
hombre, no que el Verbo, habiendo encontrado a un hombre
virtuoso lo haya unido a Sí.
Cirilo a Nestorio.
Pues al unir el Verbo a Sí, en su Subsistencia, la
carne animada por un alma racional, se hizo hombre de
una manera inefable y que trasciende toda inteligencia,
y se llamó hijo del hombre, no según Su sola Voluntad y
beneplácito, pero tampoco por la asunción de la
apariencia solamente [sed neque in assumptione personae solius. Pienso
que debe interpretarse como traduzco o así: “pero tampoco por la simple asunción de una persona
humana”]. Se mantienen diversas las naturalezas unidas,
aunque de ambas resulta un Cristo y un Hijo, pero no de
modo que se destruya por la unión la diferencia de
naturalezas.
Teofilacto.
Por esto que se dice “y el Verbo se hizo carne”
aprendemos que el mismo Verbo es hombre y que el Hijo de
Dios se hizo hijo de mujer, la cual con arreglo a su
rango se llama Madre de Dios, como quien engendró a Dios
en la carne.
Hilario Acerca de la Trinidad. Algunos pretenden que el Hijo Unigénito de Dios, que en
el principio era Dios Verbo, no es Dios subsistente,
sino una palabra de voz emitida, de manera que lo que a
los que hablan es su verbo esto sea a Dios Padre el
hijo. Estos hombres quieren con astucia argüir que el
Dios verbo no subsistente permaneció en la forma de
Dios, y que Cristo nació hombre. Ese hombre vivió más a
causa de su humano origen que por el misterio de una
concepción espiritual, de modo que no era el Dios verbo
que se había hecho hombre por el parto de la Virgen,
sino que, como en los profetas mora el espíritu de
profecía, así en Jesús habitó el verbo de Dios. Y suelen
replicarnos que nosotros decimos que Cristo no nació
hombre de nuestro cuerpo y alma, cuando en realidad
nosotros predicamos que el Verbo hecho carne nació
hombre a nuestra semejanza, de modo que nació el que
verdaderamente es Hijo de Dios como verdadero hijo de
hombre; y como por Sí mismo asumió para Sí un cuerpo a
partir de [ex] la Virgen, así asumió de [ex] Sí mismo
un alma (la cual nunca recibe sus orígenes de los que
conciben). Y como Él mismo sea hijo de hombre, ¿podría
haber cosa tan ridícula como el que predicáramos que el
Hijo de Dios, que se hizo carne, es un profeta animado
por el Verbo de Dios, cuando, en realidad, el Señor
Jesucristo es tanto Hijo de Dios como hijo de hombre?
Crisóstomo.
Y para que no sospeches que ha habido una conversión de
esa naturaleza incorruptible, a eso que se dijo “el
Verbo se hizo carne” se añade “y habitó entre nosotros”.
Pues lo que habita no es igual al habitáculo, sino otra
cosa. Digo que es otra cosa según la naturaleza. Pero
por la unión y la copulación el Dios Verbo es una carne,
sin que se haya causado confusión ni destrucción de las
substancias.
Alcuino.
O “habitó entre nosotros”, esto es, vivió entre los
hombres.
Tomás de Aquino
Traducción de Carlos A. Casanova
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