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La Catena Áurea
Natividad del Señor
25 de diciembre 2012


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Natividad

Al Evangelio de la Misa de Gallo, Lucas 2, 1-14:

Ambrosio. San Lucas explicó brevemente tanto de qué modo como en qué tiempo y en qué lugar nació Cristo según la carne, cuando dijo: “y ocurrió, cuando estaban allí, que se le cumplió el tiempo de dar a luz”. Y el modo fue que siendo esposa concibió, pero siendo virgen dio a luz. Gregorió Niceno.  Aunque tiene la apariencia de hombre, no se sujeta en todo a las leyes de la humana naturaleza.  Porque, el que nazca de mujer tiene la fragancia de la humildad, pero el que la virginidad se haya puesto al servicio del dar a luz muestra que Él trascendía al hombre. La preñez de Éste, entonces, fue gozosa, el origen inmaculado, el parto fácil y el nacimiento sin la menor corrupción: no se inició con lujuria ni llegó a la luz con dolor. Porque como aquella que por la culpa introdujo la muerte en nuestra naturaleza fue condenada a parir con dolores, convenía que la que daba a luz la Vida completara el parto con gozo. Y por la virginal incorrupción pasó Él a la vida de los mortales, en ese tiempo en que comienzan a disminuir las tinieblas y la inmensidad de la noche se ve forzada a desvanecerse a causa de la exuberancia de la luz. Pues la muerte del pecado había alcanzado el extremo de la depravación, pero de allí en adelante tiende a desvanecerse por la presencia de la verdadera luz, que iluminó todo el orbe con los rayos evangélicos.  Beda. En ese tiempo también se dignó encarnarse, en el que, apenas nacido, sería contado en el censo del César y sometido a servidumbre por nuestra liberación. Por eso el Señor nace en Belén no sólo para dejar constancia de la descendencia real, sino también por el misterio del nombre. Gregorio Homilías sobre los Evangelios. De hecho, “Bethlehem” significa casa del pan: y porque Él es quien dijo: “Yo soy el Pan vivo que he bajado del cielo”. Entonces, el lugar en el que nace el Señor se solía llamar casa del pan, porque había de ocurrir que apareciera allí en la naturaleza de la carne Aquél que restauraría las mentes de los elegidos con interna saciedad. Beda. Pero hasta la consumación de los tiempos el Señor no cesa de ser concebido en Nazaret ni de nacer en Belén, cuando cualquiera de los oyentes, recibida la harina de la palabra, construye en sí una casa para el eterno Pan; cada día en el útero virginal, es decir, en el alma de los que creen, es concebido por la Fe, dado a luz por el Bautismo. Sigue: “y dio a luz a su Hijo primogénito”. Jerónimo contra Helvidio. A partir de este texto, Helvidio intenta sostener que no habría podido decirse “primogénito” si Él no hubiera tenido hermanos, puesto que se llama “unigénito” a aquél que es el único hijo de sus padres. Pero nosotros definimos de este modo: todo unigénito es primogénito, pero no todo primogénito es unigénito. No llamamos “primogénito” a aquél a quien siguen otros, sino a aquél antes del cual no hay ninguno. De otra manera, si no fuera primogénito sino aquél que es seguido de hermanos, entonces no habría que llevar a los sacerdotes los primogénitos en tanto no sean procreados los otros hermanos, no sea que, por no haber un parto posterior, se trate no de un primogénito, sino de un unigénito. Beda. También es Unigénito en la substancia de la divinidad y primogénito en la asunción de la humanidad. Primogénito en la gracia, Unigénito en la Naturaleza. Jerónimo. Allí no hubo ayuda de comadrona alguna ni de criadilla alguna. La Madre misma envolvió al Niño en pañales, Ella misma fue la comadrona. Por ello sigue: “lo envolvió en pañales”. Beda. El que vistió al mundo de variado adorno fue envuelto en viles pañales, para que nosotros fuéramos dignos de recibir la mejor túnica.  Aquél por quien fueron hechas todas las cosas, es atado en sus manos y pies, para que nuestras manos puedan ponerse a la buena obra y nuestros pies se encaminen en la vía de la paz. Greco. ¡Oh admirable estrechez y expatriación la que padece Quien contiene todo el orbe! Desde el comienzo se hace de la penuria y en Sí mismo la embellece. Sin duda, si hubiera querido, podría haber venido conmoviendo el cielo, sacudiendo la tierra, fulminando rayos, pero no procedió así. Pues no quería perder, sino salvar y conculcar la humana soberbia desde sus mismas raíces. Y por ello no sólo se hizo hombre, sino hombre pobre, y eligió una madre pobre, que carece aun de algo para acostar al Niño recién nacido. Pues sigue: “y lo acostó en un pesebre”. Beda. En la angostura de un duro pesebre se encierra a Quien es el asiento del cielo, para ensancharnos por los gozos del reino celeste. Quien es el Pan de los ángeles se acuesta en un pesebre, para nutrirnos con el trigo de su carne como a santos animales. Cirilo. Se encuentra también el hombre hecho bestial en su alma, y por ello se pone en el pesebre, lugar del alimento, para que, abandonando la vida bestial, seamos conducidos a la ciencia adecuada para el hombre, allegándonos no al  heno, sino al Pan celeste, al Cuerpo de Vida. Beda. El que se sienta a la derecha del Padre, no encuentra lugar en la posada, con el fin de prepararnos muchas moradas en la casa de su Padre. Por ello sigue: “porque no había lugar para ellos en la posada”. Nace no en la casa de sus padres, sino en una posada, en el camino, porque, por el misterio de la Encarnación, se hizo Camino por el cual nos conduciría a la Patria donde gozaremos de la Verdad y de la Vida. Gregorio Homilías sobre los Evangelios. Y también [nació en el camino] para mostrar que por la humanidad que había asumido nacía como en un lugar extraño, “extraño” no porque dicho lugar no estuviera sujeto a su Poder, sino que es muy ajeno a su Naturaleza. Ambrosio. Por tu bien, entonces, la debilidad se ha tornado fuerza en Él; por tu bien, la inopia se ha tornado opulencia en Él. No valores según lo que puede verse, sino reconoce que has sido redimido. ¡Más debo, ¡Señor Jesús!, a tus injurias el haber sido redimido que a tus poderes el que haya sido creado! De nada me aprovecharía nacer si no hubiera sido favorecido con la redención.

Al Evangelio de la Misa del día de Navidad, Juan 1, 1-18:

Agustín Sobre el Evangelio de Juan. Porque había dicho “de Dios son nacidos”, como para que no nos admiremos y temblemos ante tanta gracia, y para que no nos pareciera increíble que los hombres hayan nacido de Dios, como para dar seguridad, dice: “y el Verbo se hizo carne”. ¿Por qué, entonces, te admiras de que los hombres nazcan de Dios? Mira al mismo Dios nacido de los hombres. Crisóstomo.  O de otra manera. Como hubiera dicho que son nacidos de Dios los que lo recibieron, expuso la causa de este honor, que es la siguiente, que el Verbo se hizo carne. Pues el que con propiedad se llama Hijo de Dios se hizo hijo del hombre, para hacer hijos de Dios a los hijos de los hombres. Y no te turbes cuando oigas que el Verbo se ha hecho carne, pues no convirtió en carne su substancia, pues entender esto sería en verdad impío. Más bien, aunque siguió siendo lo que era, tomó forma de siervo. Pues porque hay algunos que dicen que ciertos fantasmas son todo lo que hay de la Encarnación, para destruir su blasfemia, introdujo esta distinción, “se hizo”, queriendo representar no la transmutación de la substancia, sino la asunción de verdadera carne. Pero si dijeran: “Dios es omnipotente, ¿por qué no podría transmutarse en carne? Responderíamos que transmutarse desde aquella naturaleza inconmutable está totalmente excluido. Agustín Acerca de la Trinidad. Y así como nuestro verbo de algún modo se hace voz corpórea al asumir esa voz en la que se manifiesta a los sentidos de los hombres, así el Verbo de Dios se hizo carne, al asumir esa carne en la que se manifestaría a los sentidos de los hombres. Y como nuestro verbo se hace voz, pero no se convierte en voz, así el Verbo de Dios ciertamente se hizo carne, pero, ¡lejos de Él que se convirtiera en carne!  Asumiéndola, entonces, sin extinguirse en ella, tanto nuestro verbo se hace voz, como aquel Verbo se hizo carne. De las actas del Concilio de Éfeso. También la palabra que proferimos, de la que hacemos uso en nuestras mutuas conversaciones, es palabra incorpórea, no sujeta a figura, no accesible al tacto. Pero cuando la palabra se viste de letras y elementos, se hace visible, queda circunscrita por la figura, se puede tocar. De modo semejante también el Verbo de Dios, que es naturalmente invisible, se hace visible; y el  que por naturaleza  es incorpóreo se halla en un ser que puede tocarse. Alcuino.  Como también creemos que el alma incorpórea se une al cuerpo, para que de esos dos resulte un solo hombre, nos es más fácil creer que la substancia divina incorpórea se una a un alma que está en el cuerpo, en la unión de la persona. De modo que ni el Verbo se convierta en carne, ni la carne en Verbo, como tampoco el cuerpo en alma ni el alma en cuerpo.

Teofilacto. Apolinario de Laodicea sobre esta palabra construyó su  herejía: pues decía que Cristo no tuvo alma racional, sino solamente carne y que tenía la divinidad por alma, que dirige y gobierna el cuerpo. Agustín Contra los Sermones de los Arrianos. Y si se agitan por esto que se escribió, que el Verbo se hizo carne, sin que allí se mencione el alma, entiendan por la parte el todo, que la “carne” se pone en lugar del hombre, al modo de una locución figurada, como la siguiente: “a ti vendrá toda carne”; o “que por la obras de la ley no se justificará carne alguna”, lo cual se dice de modo más llano en otro lugar: “no se justificará el hombre por las obras de la ley”. Así, entonces, se dijo que el Verbo se hizo carne, como si se dijera: “el Verbo se hizo hombre”. Teofilacto. Queriendo mostrar el evangelista el abajamiento inenarrable de Dios, recuerda la carne, para que admiremos su misericordia, porque a causa de nuestra salvación asumió aquello que resulta totalmente remoto y distante de su naturaleza, es decir, la carne. –Porque el alma tiene alguna proximidad con Dios. Y si el Verbo se hubiera encarnado y no hubiera asumido el alma humana, se seguiría que aún nuestras almas no habrían sido sanadas, pues lo que no asumió no lo santificó. ¿Cuán irrisorio sería que, aunque el alma haya pecado antes, [el Verbo] haya santificado la carne asumiéndola, y haya dejado enfermo eso que es principal [en el hombre]?

Con esto se subvierte el dicho de Nestorio, que afirmaba que no el mismo Dios, el Verbo mismo, se hizo hombre, concebido a partir de la sagrada sangre de la Virgen, sino que la Virgen había dado a luz un hombre que estaba dotado de toda especie de virtud, y que el Verbo se había unido a él. Por esto superponía dos hijos, uno nacido de la Virgen, es decir, el hombre; y el otro nacido de Dios, es decir el Hijo de Dios, unido a aquel hombre según el amor y el hábito de la gracia. Contra él dijo el Evangelista que el mismo Verbo se hizo hombre, no que el Verbo, habiendo encontrado a un hombre virtuoso lo haya unido a Sí. Cirilo a Nestorio. Pues al unir el Verbo a Sí, en su Subsistencia, la carne animada por un alma racional, se hizo hombre de una manera inefable y que trasciende toda inteligencia, y se llamó hijo del hombre, no según Su sola Voluntad y beneplácito, pero tampoco por la asunción de la apariencia solamente [sed neque in assumptione personae solius. Pienso que debe interpretarse como traduzco o así: pero tampoco por la simple asunción de una persona humana”]. Se mantienen diversas las naturalezas unidas, aunque de ambas resulta un Cristo y un Hijo, pero no de modo que se destruya por la unión la diferencia de naturalezas.

Teofilacto. Por esto que se dice “y el Verbo se hizo carne” aprendemos que el mismo Verbo es hombre y que el Hijo de Dios se hizo hijo de mujer, la cual con arreglo a su rango se llama Madre de Dios, como quien engendró a Dios en la carne. Hilario Acerca de la Trinidad. Algunos pretenden que el Hijo Unigénito de Dios, que en el principio era Dios Verbo, no es Dios subsistente, sino una palabra de voz emitida, de manera que lo que a los que hablan es su verbo esto sea a Dios Padre el hijo. Estos hombres quieren con astucia argüir que el Dios verbo no subsistente permaneció en la forma de Dios, y que Cristo nació hombre. Ese hombre vivió más a causa de su humano origen que por el misterio de una concepción espiritual, de modo que no era el Dios verbo que se había hecho hombre por el parto de la Virgen, sino que, como en los profetas mora el espíritu de profecía, así en Jesús habitó el verbo de Dios. Y suelen replicarnos que nosotros decimos que Cristo no nació hombre de nuestro cuerpo y alma, cuando en realidad nosotros predicamos que el Verbo hecho carne nació hombre a nuestra semejanza, de modo que nació el que verdaderamente es Hijo de Dios como verdadero hijo de hombre; y como por Sí mismo asumió para Sí un cuerpo a partir de [ex]  la Virgen, así asumió de [ex] Sí mismo un alma (la cual nunca recibe sus orígenes de los que conciben). Y como Él mismo sea hijo de hombre, ¿podría haber cosa tan ridícula como el que predicáramos que el Hijo de Dios, que se hizo carne, es un profeta animado por el Verbo de Dios, cuando, en realidad, el Señor Jesucristo es tanto Hijo de Dios como hijo de hombre?

Crisóstomo. Y para que no sospeches que ha habido una conversión de esa naturaleza incorruptible, a eso que se dijo “el Verbo se hizo carne” se añade “y habitó entre nosotros”. Pues lo que habita no es igual al habitáculo, sino otra cosa. Digo que es otra cosa según la naturaleza. Pero por la unión y la copulación el Dios Verbo es una carne, sin que se haya causado confusión ni destrucción de las substancias. Alcuino. O “habitó entre nosotros”, esto es, vivió entre los hombres.

Tomás de Aquino
Traducción de Carlos A. Casanova

La Catena áurea es la obra de santo Tomás de Aquino que le ganó fama en vida, aunque la Suma Teológica sea su obra más conocida póstumamente. Cuando un cristiano lee esta joya de la literatura teológica no puede sino reconocer que es justo el elogio que sobre el santo doctor recoge el Papa León XIII en su encíclica Aeterni Patris: “entre los Doctores escolásticos brilla grandemente Santo Tomás de Aquino, Príncipe y Maestro de todos, el cual, como advierte Cayetano, «por haber venerado en gran manera a los antiguos Doctores sagrados, obtuvo de algún modo la inteligencia de todos»”. La Catena áurea es el más claro testimonio de la veneración de santo Tomás por los antiguos doctores y los Padres de la Iglesia. Es, en efecto, una lección de los Evangelios en la que la mente del Doctor Angélico se manifiesta tan sólo mediante un magistral encadenamiento de comentarios patrísticos de la Escritura.
Derechos de Autor © 2012, Carlos A. Casanova.
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Arte de Martin Erspamer, O.S.B.
de Religious Clip Art for the Liturgical Year (A, B, and C)
["Clip Art" religioso para el año litúrgico (A, B y C)].
Usado con permiso de Liturgy Training Publications. Este arte puede ser reproducido sólo por las parroquias que compren la colección en libro o en forma de CD-ROM. Para más información puede ir a: http://www.ltp.org/