El Pentecostés no es sólo un domingo más. Es una fiesta equivalente a la Navidad y la Pascua Florida. Supone el envío oficial del Espíritu Santo a las mujeres y a los hombres.
Llevamos ya varias semanas escuchando a Jesús hablar de este momento en los Evangelios. Hemos oído que él no nos dejará abandonados, que nos enviará el Espíritu, el Paracleto.
Aquí tienes un resumen:
• El Padre habita en Jesús hasta tal punto que conocer a Jesús es conocer también al Padre.
• Jesús se ofrece para habitar en nosotros de la misma manera.
• Esto sucederá por medio del envío del Espíritu Santo, quien es la esencia más profunda de Jesús y del Padre. El Espíritu es el amor que ellos tienen el uno por el otro, su cercanía, el gran compartir entre ellos.
Esto no es un hecho insignificante. La Lectura enumera los idiomas de la gente que estaba allí:
Partos, medos, elamitas, habitantes de Mesopotamia, Judea y Capadocia, el Ponto y Asia, Frigia y Panfilia, Egipto y la zona de Libia que limita con Cirene, así como forasteros de Roma, judíos y prosélitos, cretenses y árabes.
Algunos de nosotros nacemos con el don de lenguas, pero no tantos y no de esta forma.
Pero el verdadero significado de este suceso va más allá. El Espíritu Santo de Dios procura unirnos a un nivel más profundo. Salvar las distancias entre nosotros, permitirnos a oír a la otra persona sin estar pensando sólo en nosotros mismos. Cada persona tiene una “lengua” que expresa quién es (esta vez, no es una lengua en el sentido literal, sino una manera particular de hablar y de actuar que procede de lo más profundo del ser de esa persona) Si eres capaz de escuchar, puedes distinguir estas características y así adquirir un conocimiento afectuoso de la persona, aun si la persona no es consciente de haberte incluido.
Pero, dices, eso es tan difícil. Algunas personas son simplemente insufribles. “Esa persona no hace otra cosa que hablar y creo que voy a volverme loco si tengo que soportarla un minuto más.” Ya sabes cómo es eso. Así que, ¿cómo es posible para nosotros “oír” a otra persona?
Con la ayuda del Espíritu Santo.
Una de las obras del Espíritu Santo es escuchar para oír lo más profundo de la otra persona. Si tomas en serio a Jesús en el Evangelio, empezarás a pensar en el Espíritu Santo como el Amor, enviado a lo más profundo de tu ser. Este no es Amor a cambio de tu libertad, sino el Amor como una ayuda, un empujecito (y no un empujón) hacia el conocimiento de todo lo mejor en las otras personas, incluyendo a los insufribles, y, desde luego, en Dios.
Nos toma tiempo aprender esto, por supuesto, a eliminar los varios obstáculos dentro de nosotros, los que nos impiden recibir el Espíritu. Recuerda, estamos invitados a participar en la más profunda cercanía posible, el gran compartir que es Dios mismo. Naturalmente, nos va a tomar tiempo. Pero Dios está dispuesto a hacernos “Templos de Espíritu Santo,” y a habitar en nosotros, fortaleciéndonos, guiándonos, ayudándonos a hacer del Amor una parte de nuestro ser.
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Fr. John Foley, SJ

