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La Espiritualidad de las Lecturas
4º Domingo de Tiempo Ordinario
29 de Enero de 2017
John Foley, SJ


Dichoso tú, si ...

En el Evangelio esta semana, Jesús nos enseña las Bienaventuranzas.  Nos agradan especialmente las bendiciones para los que ayudan a los otros:  los que trabajan por la paz, los misericordiosos, los que tienen hambre y sed de justicia.  Pensamos, por ejemplo, en la Madre Teresa.

Pero entonces nos fijamos en los pobres, y nos preguntamos por qué Jesús los estima tanto.  ¿Lo sabes?  ¿Y los que lloran?  ¿Qué dices de los perseguidos por causa de la justicia?  ¿Ellos deberían considerarse contentos y dichosos?  Parecería que el corazón de Jesús se reserve especialmente para los que sufren.

Los que lloran, los pobres en el espíritu, los que tienen hambre y sed de justicia, los perseguidos por causa de la justicia, y, de nuevo, los pobres.  (Evangelio)

El mundo y los que mandan en él habrían hecho una lista muy diferente.  Dichoso tú si eres rico.  Si nunca has tenido que llorar a tus seres queridos.  Dichoso tú si eres auto suficiente, si no tienes enemigos y hablas bien en todo momento.  “La buena vida” es lo que todo el mundo quiere para sí y para sus amigos, ¿verdad?

Pero entonces, ¿por qué nuestro salvador escogió otro camino?  Hasta la cruz.

¿Podría ser porque las riquezas y el honor son ilusiones que nos llevan lejos de Dios y de Jesús—y de nuestros seres más radicales?  Piensa en esto:

•  Las Riquezas nos tientan a dejar que nuestros bienes materiales ocupen el lugar de nuestro verdadero ser
•  El Honor nos tienta a tomar las cosas sin cuestionar.  a gloriarnos en el respeto humano, sin preguntar a quién Dios creó cuando me formó a mí, de la nada.

Ve a donde el amor de Dios esté presente humildemente.
Para decirlo directamente, la fama y los bienes materiales pueden convertirse en una identidad falsa. Están “allá” en lugar de “aquí dentro.”  Dentro de cada uno de nosotros, “aquí dentro,”  está el gran tesoro de la persona única e irremplazable que somos.  A veces una vocecita dentro de nosotros nos susurra estas palabras, “Soy tu verdadero ser pero me has cubierto de tributos y pertenencias y popularidad y éxito.  Me ahogas.  ¡Socorro!”

Así que, ¿debemos seguir adquiriendo cosas?  Es muy posible que pronto tengamos que desprendernos de lo que hemos conseguido en este mundo, así como hizo Jesús.

Me encanta la historia del sabio que fue echado de un banquete porque estaba vestido en harapas.  Se fue, y volvió arropado en vestimentas lujosas de seda, prestadas pero perfectas para la ocasión.  Desde luego, fue muy bien recibido.  Pero al rato, alguien se fijó en que el sabio estaba sentado en el piso detrás de un árbol, metiendo cucharadas de comida por la manga de su ropa.  Furioso, el anfitrón le preguntó “¿Qué diablos estás haciendo?”

“Pues,” dijo el sabio, “es obvio que mi vestimenta fue invitada al banquete, no yo.  Sólo procuro que ella disfrute de la comida.”

Dios ama el ser verdadero dentro de cada uno de nosotros, y no la ropa que usamos o la fama que logramos.  Dios nos llama a ser personas que aman y son amadas.  Las cosas intrancendentes—lo que poseemos, los honores que recibimos, lo orgullosos que estamos—sólo estorban.  A veces con consecuencias trágicas.

De modo que cada una de las Benaventuranzas es profundamente lógica.  Ve a donde el amor de Dios esté presente humildemente.  Hazte un refugio para la gente de la tierra y ayúdeles a recibir su bendición.  Y así recibe la tuya también.

Sé humilde y luego ponte alegre y contento.

John Foley, SJ


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Arte de Martin Erspamer, OSB
de Religious Clip Art for the Liturgical Year (A, B, and C)
["Clip Art" religioso para el año litúrgico (A, B y C)].
Usado con permiso de Liturgy Training Publications. Este arte puede ser reproducido sólo por las parroquias que compren la colección en libro o en forma de CD-ROM. Para más información puede ir a: http://www.ltp.org