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La Espiritualidad de las Lecturas
6º Domingo de Tiempo Ordinario
12 de Febrero de 2017
John Foley, SJ

El ser humano tarda en crecer.

Por ejemplo, cuando yo era niño y mi hermano era cuatro años mayor (desde luego, sigue siéndolo), oímos una lectura en la Misa que incluía la palabra raqa.  La lectura nos decía que uno no debía decirle esta palabra a su hermano, ya que significaba “imbécil.”  Naturalmente, en cuanto salimos de la iglesia empezamos a decirnos, con inocencia y con humor, raqa, raqa, raqa porque éramos hermanos de verdad. La palabra inusual raqa aparece en el Evangelio de hoy (por lo menos en la versión no abreviada).

Jesús no la usa a la ligera.  El paso de los años me ha enseñado eso.

Obviamente, los seres humanos crecen tarde o temprano y se realizan.  Realizarse significa progresar de una aproximación sencilla y sonriente a los mandamientos hasta un lugar en donde podemos realmente comprender por qué no debemos llamarle “imbécil” a nadie.

Esa realización nos da una manera de ver las lecturas para este domingo.

En la primera lectura, el escritor habla claramente, así como un padre le hablaría a su hijo o su hija.

            “Si tú quieres
            puedes observar los mandamientos,
            está en tus manos el ser fiel.
            Si confías en Dios
            tú también vivirás.”

Estas son palabras antiguas que recuerdan uno de los primeros libros del testamento judío:

            “te he propuesto la vida y la muerte, la bendición y la maldición.

            Escoge desde ahora la vida,

            para que viváis tú y tu posteridad.
            Y ames al Seños, tu Dios,
            y obedezcas a su voz,
            y te unas a él.”   (Deut 30: 19-20)

Nosotros de niños habríamos entendido esto.  Habríamos reconocido “vida y muerte, bien y mal.”  Dios nos enseñaría que esto era libre de complicaciones y de misterios, al alcance del entendimiento de todos.

Entonces llegó Jesús.  Él nos enseñó la plenitud de estas leyes.  Pablo dice que se convertieron en “sabiduría para los que son maduros...una sabiduría divina, misteriosa, escondida, predestinada por Dios antes de los siglos para nuestra gloria.”  (Segunda lectura)

Así, una por una, Jesús enumera varias leyes con su significado superficial, y muestra sus raíces más profundas.

No matarás.  La raíz de esa ley es, no actúes con enojo hacia tu hermano o tu hermana.  Ni siquiera pronuncies la palabra raqa.

No cometerás adulterio.  La raíz de esa ley es:  sé suficientemente puro como para ni siquiera mirar a una persona casada deseándola,

Y, el divorcio.  La ley más profunda es, permanece fiel y cariñoso dentro de tu matrimonio.  No se trata sólo de no divorciarse.

Y, finalmente, no jurar.  Hoy día la gente jura mucho...”en el nombre de Dios...” u “OMG (que en inglés significa Dios mío), o por ejemplo “Por Dios, nunca voy a permitir que tú....”  Se oye este lenguaje por todas partes, en el cine, la televisión, los colegios, las primarias, en la conversación en la calle.  Jesús explica sencillamente lo que pasa aquí:  ustedes procuran compensar por su debilidad haciendo que son más grandes que Dios.  Tengo otra alternativa, les dice.   Les basta decir sí o no, y ser sinceros.  Sean genuinos.

Jesús nos ofrece el Espíritu, y San Pablo nos dice que el Espíritu “todo lo penetra, hasta la profundidad de Dios.”

Fíjate en Jesús a medida que te realices en la vida.  El significado más profundo de las leyes está escrito en su corazón.  Al crecer, que sea escrito en los nuestros también.

John Foley, SJ


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Arte de Martin Erspamer, OSB
de Religious Clip Art for the Liturgical Year (A, B, and C)
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