El corazón humano tiene sus propios mandamientos.
En la Primera lectura, “Amarás a tu prójimo como a ti mismo,” y “Seréis santos, porque yo, el Señor vuestro Dios, soy santo.”
De acuerdo, ¿pero cómo es el amor de Dios?
El salmo responsorial lo dice así:
El Señor es compasivo y misericordioso. Él perdona todas tus culpas y cura todas tus enfermedades; él rescata tu vida de la fosa y te colma de gracia y de ternura.
Un retrato muy reconfortante de Dios. Nosotros también podemos amar así, si nos dedicamos a ello.
¿Verdad?
En el Evangelio, Jesús nos da sus propias normas. Cita las antiguas leyes, así como lo hizo la semana pasada, y después las abre ante nosotros para que veamos su plenitud.
•La antigua ley: “Ojo por ojo, diente por diente.” La nueva ley: no hagáis frente al que os agravia...al que quiera ponerte pleito para quitarte la túnica, dale también la capa...al que te pide prestado no lo rehúyas.”
poder volver a sus casas. A veces un enorme coche de lujo llegaba sobre las cinco o las seis de la tarde para buscarlos. Sin duda, había un complot detrás de esa situación. ¿Debía yo quitarme el abrigo para regalárselo a una organización criminal?
Puede que sí. Aquella gente de veras era pobre. No debo darles la espalda a los pobres, ¿verdad? Debía colmarles de bondad y compasión. ¿Pero no sería ingenuo por mi parte hacer eso?
¡Socorro!
•Antigua norma: “Amarás a tu prójimo y aborrecerás a tu enemigo.” Nueva norma: “Amad a vuestros enemigos, haced el bien a los que os aborrecen y rezad por los que os persiguen y calumnian.” El Padre celestial ama y recompensa a los malos y los buenos, los justos e injustos. “Sed perfetos como vuestro Padre celestial es perfecto.”
Seamos sinceros, ¿eso no es absurdo? Comparados con Dios, somos tan pequeños como las hormigas, arrastrándonos sobre las enormes rocas que se desprendieron en el momento de la Gran Explosión. ¿Cómo vamos a ser tan perfectos como Dios? Jesús tendrá que ofrecernos unas ideas muy profundas y satisfactorias sobre el corazón humano y las leyes que lo rigen.
Y de hecho lo hace. En la Segunda lectura, él dice, “Sois templos de Dios y el Espíritu de Dios habita en vosotros.” Mi interpretación: Dios crea el corazón humano con un agujero, una apertura que puede dejar pasar a nuestros prójimos si no se lo impedimos con nuestro egoísmo. ¡Hasta podemos permitir entrar a Dios! El extenderá nuestros brazos hacia los demás para que de veras seamos generosos con ellos por amor.
Pues bien, ¿entonces debo darle algo a un “mendigo” que trabaja para una organización criminal? A lo mejor, no. No es por su bien. ¿Debe una esposa quedarse en la casa donde su esposo la golpea cada dos por tres? La respuesta es no, porque esto no es “dar, por amor,” sino intentar arrimarse a un perro rabioso. Hay que discernir en cada caso, pero en general si lo que se da es dañino ética o físicamente o para el que da o para el que recibe, es que no proviene de Dios.
El amor verdadero es lo que queremos, el amor que Jesús describe y hacia el que Dios nos atrae.

